Temores y malentendidos en la era de la Corona

temor

nombre masculino
1. Miedo que se siente al considerar que algo perjudicial o negativo ocurra o haya ocurrido.
2. Sospecha de que algo es malo o puede conllevar un efecto perjudicial o negativo.

malentendido

nombre masculino
1. Dicho, hecho o suceso que se interpreta equívocamente.

Después de corroborar que estoy usando los términos correctos, y mas aun, los que deseo usar, puedo con algo de tranquilidad profundizar el tema. Esto lo he hecho, por mi temor de que no se entienda o malinterprete mis palabras. Sucede tan a menudo que nuestras palabras son interpretadas erróneamente, que encuentro que importante definirlas como medida imprescindible para asegurar el buen entendimiento, y por consiguiente irritar la conversación.

Es mi impresión, que la sociedad occidental no ve muy bien los temores humanos. Hay temores y temores, todos los tenemos. Uno debe resolver a solas, o con expertos los suyos, preferiblemente a solas. Estos días es mas aceptable el uso de expertos, algo que no hace mucho tiempo era considerado una locura, y tildado como una debilidad del carácter. Esas debilidades son incongruentes con una sociedad, sana, fuerte, pujante y especialmente homogénea y mayormente productiva.

Recuerdo bien que mis temores infantiles fueron despreciados y minimizados por los miembros de mi tribu. Creo que este proceder es generalmente universal. Los adultos, que han alguna vez, o continúan teniendo temores, tratan de esconderlos para no mostrar esa percibida realidad a los niños. Deben mostrarse fuertes y seguros. Este circulo viciosa se perpetua en la sociedad, con poco éxito en su resolución. Como podemos aliviar los temores, si primeramente, ni siquiera debemos darles cabida en nuestra vida. Es una posición con la que no se puede vencer a ningún enemigo.

Sun Zu: “conócete a ti mismo y conoce a tu enemigo”

En esta época de crisis y pandemia, abundan los temores, gracias a la incertidumbre de la información sobre el enemigo. Si lo conociéramos mas, podríamos quizás protegernos mejor o montar una ofensiva para por lo menos empezar a ganar unas batallas. Pero nuestra ignorancia, no por ser arrogantes, sino bien fundada en el desconocimiento nos trae recuerdos de antiguos temores.

El individuo

El asunto de lidiar con los temores a solas es lo que se espera de un buen miembro de la sociedad. Nada de pedir ayuda, consejo, ni que niño muerto. Haber como no bandeamos con el temita. Algunos temores los hemos vencido a través de los años, el conocimiento y todo aquello que hemos tenido a nuestra disposición. Otros los hemos archivado de la mejor manera posible, pero de ven en cuando reaparecen con objetos mágicos o fantasmas en sitios inesperados, solo para tratar de archivarlos, no resueltos nuevamente, esperando no volver a toparnos con ellos.

Este nuevo temor o conjunto de temores, no solo nos afectan a nosotros, sino a la sociedad entera. Podemos hablar de ellos, pero con la cautela, que no demostrar que somos débiles y quisiéramos a nuestra madre que nos conforte y nos asegure que todo saldrá bien.

Afortunadamente, esta pandemia con sus temores, permite el intercambio de ideas, conocimientos y demás. Pero, lo que encuentro ausente es el intercambio de los temores que a todos nos están haciendo tanto daño. Creo nuevamente que el hablar de nuestros temores se ha vuelto un tabú.

tabú

nombre masculino
1. Prohibición de comer o tocar algún objeto, impuesta por algunas religiones polinésicas.
2. Prohibición de hacer o decir algo determinado, impuesta por ciertos respetos o prejuicios de carácter social o psicológico.

La pareja

Si el propio individuo no esta equipado para lidiar con algunos de sus temores, menos la pareja lo estará. La comunicación humana es muy deficiente, mas aun cuando se trata de expresar sentimientos y demás sensaciones, que en realidad son difíciles de poner en palabras. Esto compuesto con la dinámica de pareja, es digno de estudio. Digamos que la pareja tiene un historial de entendimiento superior, algo escaso, uno u ambos podrán seriamente expresar sus temores sin temor de ser vilificados o ridiculizados, por que sabemos bien que serán juzgados, algo que es inescapable en el ser humano.

Asumamos que tienen esa joya de conversación donde el le confiesa que teme morir, mas ahora que antes, que antes nunca había sentido su mortalidad tan asediada y que prefiere vivir recluido, cuidando su salud por un tiempo indefinido. El, por supuesto, estaría seguro que su estrategia no solo es sensata, sino que también es aceptable para ella.

Ella al escuchar a su pareja, juzga su entrega, pondera lo dicho y concuerda con su estrategia y vivirán felices comiendo perdices. Pero, la posibilidad de que ella este algunos grados en desacuerdo con el, seria razón para entablar una discusión y llegar a un acuerdo. Si ella fuera tan abierta como el, le diría cual seria su estrategia. Los detalles se allanarían y llegarían al acuerdo y la vida seguiría.

Los hijos

El asunto de la postura de los padres ante los hijos, es y siempre lo será de ejemplo. No decir lo que se debe hacer, sino mostrar con acciones, no con palabras. Si los padres han inculcado que los temores los resuelve cada uno a solas, entonces, ni hablar de ellos. Como si no existieran. Si fueran mas tolerantes con los temores de los hijos, hubiera podido haber conversaciones donde se trato el tema. Estos padres podrán enfrentarse unidos con sus hijos a este enemigo.

La familia

La familia extendida tiene demasiados participes para poder tener la homogeneidad requerida para el entendimiento grupal. El enemigo será identificado, cada dominio tendrá que crear su propia estrategia para la lucha.

Fricciones por diferencias en las estrategias podrían conseguirse especialmente cuando se trata de cómo lidiar con algo tan peligroso. Unos dirán que no se preparan, los preparados, despreciaran y consideraran a los demás irresponsables. Me recuerdan al cuento de los tres chanchitos.

La tribu

Estos ya son la extensión de la familia, el mismo problema existe, desgraciadamente se multiplica. Los amigos, los vecinos, etc. Todos opinan y juzgan.

La sociedad

Ese grupo al que pertenecemos, la nación, ejerce su presión. No aconsejan, no instruyen y hasta no obligan a cumplir con las regulaciones que promueven los representantes que bien o mal escogimos para legislar. Cada pueblo merece el gobernante que tiene.

La humanidad

Que se puede decir aquí, que impacto tiene el individuo en el cosmos. Llegamos a la pregunta de nuestra existencia y de nuestra importancia. Esa respuesta se la dejo a cada uno, ya que, la pregunta me la he hecho, y creo que ni a ustedes ni a mi me gusta la respuesta.

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The Apprenticeship

In the beginning

As far back as I can recall, this part of my life experience had a murky beginning. The concept and definition of friendship was not very apparent, nor clear then, as it is for me now. A simple and humble description could go like this; friendship is a relationship of mutual affection between two or more people. (Wikipedia). By now, I have come to think of it this way; friendship is a gift I give myself.

As a child, I did not think much about it. I guess, as most mortals; I modeled my behavior by observing the members of my tribe. My parents were as dysfunctional, as I have confirmed most parents to be. My father was shy, quiet, solemn, irritable, insecure, unhappy and not the best candidate to be a parent. My mother was warm, elegant, happy, clever and generally understanding.

I am a middle child; my older sister was studious, proper, elegant, pretty and gentle. My only and younger brother was born only eleven months after my birth, eclipsing the usual eighteen to twenty four months that most infants have under the limelight. He was small and became an ally during my childhood.

As I recall my early childhood was turbulent. My relation with others was as a measure of strength, either by physical or intellectual competition, with emphasis on the former. I stretched and developed my muscles before my mind; I suppose I chose this route because it came easier to me. My early days in school showed that I could certainly be at home within the warrior class.

By the way, about my parents. My father had joined the warrior class of our nation, being the first in his family to not only pursue higher education, two of his brothers had attempted this feat unsuccessfully, but not to have actually graduated. My mother had experience as a sales clerk in one of the most fashionable stores of the day in the capital city.

The early school years

My early years in school produced grades bordering on awful. The first thru third grade were colored by not only my scholastic performance, but were also marred by my ill behavior and lack of obedience of most of the schools rules. I recall that once I was given two heaping spoonful of flour paste, I suppose they thought it would possibly shut me up for a while.

On the popularity front, I seemed to garner some kind of a bad boy reputation, this quality was feared by the weak, respected by my enemies, challenged by the strong and intrigued the opposite sex, or so I thought. After meeting a former schoolmate forty years since the last time we saw each other, he confessed that he had conveniently sided with be the first day of class, for mere protection.

This aggressive persona, came to classify as a bully, much later in life, something I am ashamed of now. My mother reminded me often, that this road was not the best to take. Several years later I would come to understand and heel her advice.

The extent of my muscle development reached its climax one day. We were changing for physical education at the locker room, a place for boys to be boys, and let out some steam. A gym ball war started. As I got ready to hurl my bag across the room at a desirable target, I noticed that it was unusually heavy, pausing momentarily to assess its contents. This nanosecond pause, allowed me to bring down my guard, and get pelted with a well aimed projectile, causing my anger to boil and hurl my bag.

It crossed the room with great velocity and struck an enemy on the skull, the kid brought down his head, clasped his hands on his head and started to cry uncontrollably. All bellicose action seized, as his neighbors were assessing the damage. Blood was flowing between his fingers and a small gash was clearly visible on one side of his forehead.

As the authorities arrived, and in the chaos that ensued, I tried, in a preservation effort to retrieve my bag and appear to not be the initiator of this melee, but just plead self defense. Unfortunately, I did not connect, in my mind, the extra weight of my gym bag with the forehead gash, and someone already had my gym bag at hand and was connecting it as the culprit with the visible damage.

The physical education teacher, who was friendly towards me, opened the alleged gym bag that caused the incident, and as he pulled his hand out, I realized my folly. He had a toy gun I had received for Christmas. It was a shiny silver Colt 45 revolver, that even though was no to scale, it had sufficient mass to produce the forehead opening.

This was a sure invitation to visit the headmaster’s office. The injured kid was taken away to the infirmary, and I was escorted as a criminal to face my judgment. I had been to this office before several times under uncorroborated charges, nevertheless convicted and warned. This time, I had the feeling that it would be serious and possibly my parents would be involved. This meant dealing with the disciplinary methods of my father, something I most likely wanted always to avoid.

My worst fears were realized, my deed had brought me closer to an expulsion from school, mainly by the accumulation of offenses. Like most awful things that have happened in my life, I have very little recollection of what ensued, suffice to say that I remained in school, and soon after changes took place.

About friendship, my social relations were not really founded on mutual respect and true caring, I do not know to this day what my concept of friendship was then.

The beginning

Suddenly, there was a change in me, I surprised myself with almost an about face in my behavior, which was confirmed by my amazing grades improvement. I had reinvented myself into what I previously considered the meek and studious class, in essence what today we call a nerd.

This change offered or forced me to relate with different people and in many different ways. This new club had its own rules, and I better abide by them if I wanted to assimilate. Belonging is a key word for me in explaining to myself the concept of friendship. I had to learn new skills, rely less on my male brain and use, or appear to use my female brain. The challenge had, and still has its difficulties. I had until then chosen a path of rebellious opposition to most foreign rules. This had already set me on a path that to this day, I am almost sure I follow.

For sometime, I believed that change was actually occurring, but deep inside it did not feel entirely genuine. I still felt like “a wolf in sheep’s clothes”. Thankfully, this anxiety did not seem to be discovered by my new peers. Later in life I heard the fable of the scorpion and the toad, which explains to me the concept of the essence of the individual. Something that I use to justify my failings in life.

A scorpion asks a frog to carry it across a river. The frog hesitates, afraid of being stung, but the scorpion argues that if it did so, they would both drown. Considering this, the frog agrees, but midway across the river the scorpion does indeed sting the frog, dooming them both. When the frog asks the scorpion why, the scorpion replies that it was in its nature to do so.

The fable is used to illustrate that fundamentally, nature, cannot be changed. This excerpt is provided by Wikipedia and hopefully fulfills the reader’s need for clarity about this fable. To me it was enlightening after years of frustration trying to sort these two entities and arriving at a modicum of inner peace.

I learned many things about friendship with this new association, which was slow and cautious in accepting me into their fold. Goodwill, politeness, patience, and understanding were some of the most notable qualities required. These elicited from me new and previously untapped feelings and behaviors. This was a good thing; I relished the idea of changing my old weapons for new building tools. I was on my way to becoming an upstanding member of society, and not an undesirable brigand anymore.

Not everyone was convinced of my new ways; most sectors of society are reluctantly fooled. I explain it with another fable, the straw that broke the camel’s back. My new peers, not only mistrusted my intentions, but I was requesting access to their exclusive club, asking them to share their pie with me. I knew very well, from previous experiences in battle that I could not force them, or expect them to offer their friendship willingly. There had to be something in it for them, and I had to prove myself.

This concept, also confirmed later in life, was apparent to me at an early age. It seemed to me that the allegedly exchange of goods and goodwill between mortals is a necessity for the smooth running of society. In effect, I argue that it could be quantified as trade; you could almost put a number to it. I know that most individuals would prefer to think that it has nothing to do with trade, but think about only giving and not receiving, and let me know how that goes for you.

As I had learnt with my previous experiences in the warrior class, life was still a battle. My new and still reticent peers welcomed me mainly because I demonstrated by ability to be like them, and deeply I saw it as a curiosity and a challenge. Challenge is good, as long as you can beat it, otherwise you may fail, and failure is not so good. Such as when a cat tries to play with a rat, when they usually only play with mice.

Time passed and I started to enjoy the fruits of my labor, literally. I found that challenging myself in these areas was rewarded much more than trying to fist fight my way to the top. It required different battle skills. Respect rather than fear was preferable in this habitat. There seems to be, in my mind, a not so clear boundary line between these two concepts. Don’t know when respect becomes fear, or even worse, whether fear is preferable to respect, such as wolf is to sheep in the fable.

Popularity was a welcome dividend of this enterprise. After the earlier mistrust, people starting to notice my abilities. Of course, I received the praise from those that had known my previous self. New and unquestioned acceptance also from others was rewarding as well. I decided to remain the course. I took to sports, and was above average, landing me with the honor and responsibility to become a sport’s team captain in school. My good grades and newfound obedience to the rules, also granted me access to the exclusive club of becoming a “prefect” of discipline in school. This meant that I could be relied on to maintain and preserve the order in school when asked by the headmaster.

These years were the golden years of early youth, before becoming challenged by higher education. My father had been posted twice during these years away from our home in the capital city. These experiences, even though challenging, were not welcomed. I felt extricated from my friends, and challenged to make new friendships. The first posting was hard for me; maybe I fought it too much and therefore disliked very much. My recollections of those two years are blurred. No memorable friendships remain. I was ten years old for the first.

The second, well, it was much different. I was sixteen years old. My father’s posting posed a particular situation for our family. This was to be my high school graduating year. I convinced my parents to remain in the capital and my school for that purpose. My argument centered on the concept of friendship, that my school mates had been forged with great effort, and that not graduating with them, would be damaging to the ties created. They reluctantly agreed. I was to stay with my father’s sister, under the condition that, during the summer before my last year in high school, I would join my family while they moved and lived at my father’s new post. I had no objection to that and agreed.

This decision would have unforeseen consequences for the rest of my life. As when you come to a fork on the road, you have to take it. We moved to the city of the North Country. It was summer. My father’s high position in his warrior class was beneficial to my family. We had been catapulted from obscurity in the capital to notoriety in the hinterlands. We were introduced to the high society and I was charmed by its offerings.

I was having one of the best summers of my life, when a month before my departure to return to school, my father made me an offer I could not refuse. He would buy me a car and I could travel back to see my school friends once a month, only if I agreed to stay together with the family. It was a very tempting offer, I was becoming friendly with the locals, and without thinking of the bridges I would burn, I agreed. I cannot regret my decision, since I find regrets unproductive.

I had promised my schoolmates of my return to graduate with them. I had been charmed or bought with trinkets, this may sound as regret, but I had to learn from my actions. I abandoned them. It was thirty five years later that I tried to rekindle our friendship. Of course my life might have been different, but such is the stuff of life. Without looking back, I plunged myself into this new environment.

The middle years

New city, new clothes, new identity, new car, new friends, I could reinvent myself in any way I pleased. I had also granted my parents their wish, and I felt I was being a good member of our family. While scouting for potential friends, I found that the ones that appealed to me had more of a bad boy bent. I decided to introduce myself, not anymore as a nice boy, but more closely to the bad boy I had suppressed for so long. This went well, the gang I had chosen accepted me. These boys were boys, not thugs or criminals. My car was a real hit, not many kids of that age had them. I was popular again. Met the opposite sex contingent and chose a local girl to be my girlfriend.

The friendships that I made that year were strong and forged by many experiences, such as the ones most boys have when they are sixteen. I still am friendly only with one of my pals from that year in the North Country. This, along with, all other friendships and relationships was put on hold and tested by a new posting for my father to the country in the north, not be confused with the north country.

The news of this new posting could not have come at a better time for me. I was studying in preparation to taking the admission test to an institution of higher learning, that I was positive, I could not pass. Never took that test.

The country in the north

Arriving the last day of the year at the snow covered capital city of the country in the north, I felt relief and on my way to a new chapter to be written of my life. Only two years earlier, I was granted the opportunity to make myself anew.

New everything, surroundings, weather, clothes, language. By now, I had become adept at change, and I welcome it. I left behind my girlfriend with the promise that we would try to make a long distance relationship work. I soon learned that, at least, I couldn’t make that promise ever again. This experience about promises, cemented my idea never to promise anything. I believe that since I have a hard time keeping promises to myself, therefore I cannot in all honesty make promises to others.

Again, I left behind friends, family and relationships that had taken some time and effort in cultivating. The shine of the new on the other hand was blinding. Once again, the opportunity for reinvention was granted. We were introduced to the local contingency of fellow countrymen and countrywomen that my father was to join in his work. These in turn introduced us to their friends, mainly expatriates like us, mostly the ones that shared our language, since it was preferable to communicate than not.

The early offering in terms of possible friendships was limiting and actually kind of boring, no matter, we do with what we have. These kids seemed proper, disciplined and ultimately well behaved. Soon I found other kids, more to my liking. These were very good times. The diplomatic umbrella that covered my father, also extend to the entire family. This again placed our situation in a very desirable position, at least socially.

We come not from wealth, but my father chose well when marrying my mother. She was well educated, polished and an elegant woman, unfortunately less economically well off than my father. My father worked hard and got ahead, he made his modest fortune later in life due to the fruits of his labor after retirement. My parents made a real effort in educating us, sending us to the best schools they could afford and imparting behavioral mores that were well above their station. I did not graduate from our dinner table, until; I could master the art of peeling and eating a banana with a fork and knife.

The early relationships that I cultivated were mostly circumstantial, of the moment and the place. I believe that most, if not all friendships are of this kind. It is not until one has the closeness and continuity of being in the same place with enough time, that one can form these intimate relationships, and that in the absence of these two factors, relationships, freeze, wither or die.

These pre college friendships were short lived, some individuals went away to college, returned to their country of origin or basically were unsustainable. When I entered college, with time and closeness, I was able to at least befriend people that had similar interests.

With my father’s posting coming to an end, we came again to that fork on the road. My parents wanted my brother and myself to follow them back home, we wanted to stay. At the time, we were enrolled in our first semester of college. We pleaded with them to at least allow us to finish the first year of school. This meant that we would remain for five more months on our own, before returning home. They reluctantly agreed, and with tears in their eyes, they departed. My brother and I have remained in the country in the north to this day.

The College years

I still have some college era friends; actually most of my existing friends are from my college days. I met my first wife during those days. Amorous relationships are a form of friendship on steroids. The same criteria are used to form them, possibly with some exceptions.

Physical attraction is paramount for both. You would not like to have ugly friends, it would speak ill of yourself. An intelligent, well balanced, smart and funny individual meets most requirements for either classification. You may not want to take to bed your closest friends, but you never know if this may be mutual. At least that has been my experience; remember the wolf in sheep’s clothing, or to put it differently worn by men of the cloth.

I am a fortunate person, to have almost a dozen close friends; of these eight usually meet at least twice weekly. I have been told, by several people, that we are very fortunate and that this phenomenon may be rare, to me it is not. I realize and celebrate this closeness for many reasons, which I will try to explain in the next paragraphs.

In the beginning, there was my brother and I. We are brothers, but I have to say that maybe I have not been such a good brother to him, and less of a friend. I use to be abusive with him, teasing him and physically hurting him, remember my early dark persona; he got some of that bullying from me. Later in life we had a respect that comes from some understanding and merely from a truce that holds precariously. I have apologized at least twice for my transgressions.

My brother, not having undergone the changes that I did, became a better balanced individual. He set up goals for himself, and being who he is, achieved most of them. When he met his wife, he came with the news that he was in love, it was evident. Years later he married her, his college sweetheart. In the interim he befriended in college some of the people I, and he call friends now.

We went to different colleges, made different friends and for a while we maintained the minimum of contact. When I courted my first wife, who went to the same college as my brother and his friends, we saw each other more. We tried to make our friendship work without success. You cannot fix a dish by adding more ingredients to it; actually it may ruin it entirely. So we grew apart. My brother started a family. He became a founding father of the little tribe to which I so proudly, and with hard work belong to.

He and his wife, like the center of a planetary system, with the necessary gravitational force, attracted other similar bodies to form the system that remains pretty much intact today. I, on the other hand childless, would disdain their gatherings and to this day, I am reminded of my complaints by all the childish fuzz. I am a believer that only parents should have to endure their children. Later in life I was able to pay them back when I had my own.

For years my first wife and I attempted to orbit their system without much success. Maybe the fact that we did not have children could have been a factor that soured or relation. During the following years, I would be invited to the customary events, Thanksgiving, Christmas, birthdays, Independence Day, etc., to which I would attend either solo or accompanied.

It was not until I met my present wife, that shares my nationality, and is much more adept with the social graces than I, that I made another attempt in rejoining the desired tribe. I had been exiled several times during those years due to friction for which I take full responsibility and have tried to again apologize for.

My present wife was welcome, even though I felt I was on probation, which I was able to confirm as true. The nature of my probation is agreeable to me; I would not have it any other way. After all the things I have said and done, I don’t blame them for not extending me a permanent place in their system; I am not to be trusted. In the words of Groucho Marx, “I would not want to be a member of a club that accepted me as a member”.

After all, the concept of friendship, not being one to be defined or quantifiable, and being entirely subjective, is left to each mortal to define as they wish. I know of people that expect much or entirely absurdly devotion from their friends, feeling betrayed right and left by others that do not hold those truths not to be self evident. If you don’t know if this applies to you, ask yourself the following question, why is it that I keep loosing my friends?

Somewhat of the reverse actually was my failing. My eccentric, as I prefer to call it, personality is usually regarded as feisty, confrontational, contrarian and extremely argumentative or opinionated if you prefer. But it has also been called caustic, frictional, belligerent and even anti social bordering on sociopathic. The clinical diagnose, as a sociopath is not in yet, not because it is not fitting, but maybe because it does make the mark. According to Wikipedia, a sociopath is “a person with a personality disorder manifesting itself in extreme antisocial attitudes and behavior and a lack of conscience”.

I am a very social animal, I like people, and so that on its own merit disqualifies me from such honor. As to lack of conscience, I know I have one, when I do good or harm, I know what I am doing. I do hear those voices.

When my wife and I were welcome into the fold, it took sometime to convince the members that I had undergone the necessary work, whether psychiatric, psychological and or chemical, for them to grant me entrance once again into the inner sanctum. I had to prove myself. They were not initially convinced, but after a while they commented openly and specially for my wife’s benefit, what an undesirable element I had been in the past. This of course was like music to my ears.

I had done it again. Either I had truly changed or I was again pulling the wool over their eyes. I say again, because I had done that too in the past, and was unsure if I believed my own lies. No matter, it was working. This, as I recall was about a decade ago, and since then I have mellowed out in the autumn of my years, wisdom is coming in slowly and things are looking up.

The cherry on top that cemented our membership was the birth of our only daughter. We had finally fulfilled our societal requirement of procreation. I had rejoined the human race by at least purveying a new member. Our friends were actually not very thrilled, you see, their children were in their teens, and now they were the intolerant ones of new parents with a toddler.

Nevertheless, we were granted full access to a lifetime membership, o so I thought. My daughter is twenty years old now, so we have seen many, many, many moons together, and have had many disagreements, but mostly agreements. Some skirmishes have occurred, even fights with short stints of silence have also have happened. Overall, we have been able to overcome and recover with wounds and scars, but still look forward to our twice weekly soirees.

My wife and myself joined them about two decades ago, but the tribe was formed close to four decades ago.

In the early days, they use to get together mainly in my brother’s home on Saturdays, the kids would play, then eat, during that my friends would chat, play cards and board games, and drink inexpensive red wine, such as Premiat, a medium bodied Romanian wine that very much fit their budgets. The women would feed their kids and then the adults would enjoy some homemade potluck, or order pizza.

I would join them occasionally, not to loose my connection and to enjoy their warm company. Something that bound them together in the early days was the hustle, that latin/pop rhythm that became popular in 1975, and that was popularized in the local discotheques they frequented.

They enjoyed partying and dancing, so when they planned a dancing party, I was there, as I said earlier y love both, parties and dancing. In fact, I would attend solo or plus one, and dance the night away with my friends wives. It is great exercise.

This brings me to point out the composition of this disparate group of people. My brother, my wife and myself are from the land of the Incas; there is a couple from south of River Plate, three females from the largest Caribbean island, a husband from south of the border, and another from the high plateau.

Everyone brought their personal as well as their regional idiosyncrasies to the mix, not to mention our fears and insecurities. This only could be a recipe for disaster.

At times during these decades, attempts to escape the gravitational force and the mirage that the grass is always greener on the other side propelled some members to look elsewhere for a better deal. Attrition is a well known phenomenon that affects most, if not all moving parts. There have nevertheless been lulls and storms during the history of this association.

Fault cannot be placed on anyone looking for a greener pasture, it is human nature, but to advertise your disinterest and frustration, would be best kept secret, only for the sake of general morale. Imagine that I get invited to dinner in you home, and only after the appetizer, I announce that I will finish my meal elsewhere. This could be construed as not liking the offering, and be definitely of bad taste.

Having weathered these storms, today I can attest that no desertions or ejections took place during these long decades. Attempts in recruitment were also unsuccessful. The highest standards were applied to all applicants, something I find now erroneous. Our intimacy prevented our ranks to grow, we objected to newcomers just because we could not reach the level of intimacy we had achieved. In this enterprise we were doomed from the start. How could anyone join us and miraculously be one of us? Impossible. In the end, we realized that to be futile and desisted from trying.

The mutinous ones that threatened with desertion, did tried their luck elsewhere, only to return with their tails between their legs. They could not have any better anywhere else. This was not the panacea, but it was our panacea. The parallel has been made to the golden cage. These days this is a self evident truth, and culpability is no longer adjudicated, but not forgotten. The grass is greener here.

The now and then

The last decade has seen many and more activity, given that most offspring have flown the coup, most remaining close by, to the delight of their parents. The couple from the expansive lands south of the River Plate, pursuing an old custom their ancestors brought as immigrants to their new lands, instituted a weekly gathering that is still very popular and extremely welcome by most members. It consists of a mid week, to be specific every Wednesday, of a potluck or delivery dinner with spirits.

Attendance to this recurring event is of course, like most gatherings, voluntary. Most attend weekly, while one couple has expressed that their preference is not to abuse of the time spent together, and they attend infrequently. The membership understands and supports the free will of the people, but nevertheless finds it inconsistent with its mission, mainly that of increasing the bonds of friendship. This sentiment could be better expressed in the words of John Lennon, “And in the end, the love you take is equal to the love you make”.

I toast to the institution of this weekly event that I have come to warmly call “South of the River Plate Wednesday”.

Many other quorum events have taken place. Something to note, is when in the rare occasion when any of the member couples have events with strangers, feathers seem to be ruffled, and if discovered, they are confronted with charges of treason against the union, with explanations required. No dissent is allowed in this is a fragile democracy.

Members can although opt out with the proper either verbal or written notice from most events, but cannot be seen as fraternizing with the enemy. Great detail is given to replying or responding to invitations to events. Much friction has occurred because of the misunderstanding of the rules of protocol here. Some members insist in a prompt and clear response to invitations, other believe that due to the given intimacy, not replying until later should be allowed.

I understand both arguments, but the former holds more reason for me. The argument is that the inviter needs to have a head count for mere for logistical reasons, and that there is no reason for the invitee not to reply immediately, if they wish to attend. I also understand the desire to wait until the last moment to see if something better comes along. This impasse has been aired and appears to be resolved.

As indicated earlier, the regional diversity of the members has added color, as well as, momentary friction to our friendship. Alliances, beyond the obvious, such as, those by gender, have nevertheless occurred. There are only two of the ten members that are under represented, actually they are flying solo, and they are both men. Two nations have three members, while another has two. These are of course natural alliances that cannot be overlooked.

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La Invitación

Le grand restaurant.

Unos días atrás, cenando y conversando con unos amigos, nos contaron una anécdota extraña que no le di mucha importancia, si no fuera, por haberla escuchado días después de otra pareja amiga. Al terminar la noche me quedé pensando en lo sucedido, especialmente, como hubiera yo reaccionado a esa serie de eventos.

Raúl inicio el recuento de los hechos. Noté en la cara de Jimena un gesto de desaprobación. El sabía bien que a ella no le gustaba mucho compartir algo tan íntimo, algo que nos daría una visión de una de sus idiosincrasias. Ella pensaba que el estaba siendo mezquino y que la ocasión merecía el gasto. Raúl quería desahogarse y encontró en nosotros un vehículo. Después nos enteramos que no habíamos sido sus primeros oyentes. El hombre tenía que sacarse la espina.

PSST!

El cuento tenía todos los elementos para ser novelesco, sólo verle la cara a Jimena era un indicio de la cuento por venir. Raúl, no era un hombre que contrariaba a su mujer a menudo, más bien ella mantenía su freno bien apretado. Pero en esta instancia no lo pudo frenar, cosa que hizo el cuento más jugoso, especialmente el que conociéramos a todos los protagonistas. Aquí, muestro mi mal sana curiosidad en un cuento que empezó a convertirse en chisme.

Raúl conto que unos meses atrás recibió una llamada de Guido, un gran amigo suyo, para invitarlo a festejar el cumpleaños de Mónica, su esposa. Este tipo de celebraciones eran habituales entre ellos y un grupo reducido de amigos. Raúl, con mucho entusiasmo le dijo que hablaría con Jimena para ver que no hubiera impedimento y que le avisaría pronto. Guido, le avanzó que la idea era de ir a un restaurante a celebrar. Conociendo bien los gustos de Mónica y Guido, Raúl se imagino que escogerían un restaurante fino.

Unas semanas después de haber confirmado su presencia, en una velada juntos, se enteraron que el restaurante escogido era francés, quizás el mas fino de la ciudad. Mónica quería volver a degustar un plato que había probado ahí, y por esa razón lo escogió. Dicho restaurante cerró sus puertas ya hace unos años.

El esperado día del evento llegó y se reunieron en casa de Mónica y Guido, para hacer los previos, e ir al restaurante en dos autos. Así fue, todos muy contentos allá fueron. Al llegar al suntuoso local, Raúl estuvo muy impresionado con la decoración y el servicio personalizado. Esto fue animando a Raúl en su narrativa, Jimena le puso la mano en la rodilla como para que se calmara.

Todo fue hecho para complacer a Mónica en su búsqueda de exquisiteces gastronómicas y su cumpleaños. Raúl, continuó, tomaron sus abrigos y el maître los guió a un bello salón privado. Otro camarero preguntó, con acento francés, si desearían un coctel antes de sentarse. Tomó la orden y cerrando las puertas desapareció. Permanecieron de pie observando la colección de un artista local en las paredes. Los cocteles llegaron, fueron saboreados y escogiendo sus asientos se sentaron. Los menús con precios fueron entregados a los señores.

Le menu.

El usual estudio de la oferta gastronómica dió su inicio. Mónica dijo, yo he venido por el Tournedós Rossini, fue maravilloso la ultima vez. Raúl se preguntó, ¿cuantas veces había venido a este local? Rápidamente y sin decirlo buscó el plato en el menú, lo encontró y vió el precio, y ¡Dios mío! Con ese dinero alimento a cuatro. Hasta ese momento no había pensado mucho en los costos. Había tenido un indicio al ver el sitio, pero esto era algo mas allá de su nivel de confort.

Miró los precios dos veces preguntándose si se notaría si pidiera el plato más barato, o solo un aperitivo, con la excusa que no tenía mucha hambre, estaba mal del estómago, a dieta, sabiendo que su billetera estaría muy descontenta con ese gasto. Pensó decirle a Jimena que solo pida un aperitivo, pero se dió cuenta que era ya muy tarde. Jimena ya había escogido en público dos platos, y peor, el sabía que ella no compartía su deseo ahorro como él. Además, a ella le gustaba comer rico, y no iba a mostrar que ellos no querían pagar esos precios como todos los presentes.

Les vins.

El somelier entregó la carta de vinos a Guido, y preguntó si tomarían blanco o tinto. Gonzalo dijo, por qué no vemos que vamos a comer, quizás debamos empezar con una de blanco y otra de tinto. Todos estuvieron de acuerdo, excepto Raúl, que solo bajo la cabeza para poder ver los precios, por la posibilidad de hayan bajado. “Gonzalo por que no escoges los vinos” dijo Guido. No, por favor, no Gonzalo, a este le gusta beber los vinos caros rugió Raúl para si mismo. Jimena lo miraba como con placer de verlo sufrir, por lo menos eso era lo que el sentía.

Raúl solo recuerda el final de la cena, no recuerda que comió, que bebió o nada más, solo el momento de recibir la división por iguales de la cuenta. ¡Cuatrocientos dólares, si cuatrocientos dólares, no por pareja, por persona! Casi tuvo que ir a los aseos a recuperarse, revelación que me la hizo en privado.

Jimena trató de disminuir la molestia de Raúl, pero sin éxito. Traté de aliviar su desagrado, diciéndole que ese restaurante era famoso y que era el favorito de mucha gente. Mis palabras no pudieron consolarlo. ¿Raúl, te gustó la comida? “Sí, pero no como para lo que costó” respondió.

La monnaie.

La intención de la celebración fue buena, pero pensar que nuestros amigos desean gastar su dinero en las cosas que nos son placenteras, es asumir demasiado. Por más que tengamos el dinero, me queda claro durante mi vida, que no puedo pedirle a nadie que piense como yo.

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The prose and cons of relationships

Understanding the beginning before reaching the end.

Pros & Cons

In the beginning of an amorous relationship, there are so many new sensations, many pros, and fewer cons. This is because the individuals are investing heavily in the relationship, hoping it is a success.

These are exhilarating times, possibly not only for the discovery of an enriching relationship, but also because both parties are trying to only show their good sides to each other, whilst minimizing the exposure of any and all faults. This is what I like to call “the charming stage”.

This charming stage may last a while or may be fleeting. If it is short, discovery and realization of potential incompatibilities in the relationship may reveal themselves soon enough precipitating a potential early dissolution of the relationship.

Charming stage.

If, on the other hand, due to better than usual compatibility, and skillful maneuvering, there are early good results and ease in the relationship, a sense of additional well being is produced, which in turn by its presence, adds to the perceived success of the relationship. This sense of well being, also by default, impedes or delays the disclosure of the cons. The postponement of their disclosure, builds a strong relationship based on idyllic but unreal conditions. At this stage one or both individuals may be deluding themselves in thinking that this is the perfect relationship.

The longer this ideal relationship persists under these unreal conditions, the more difficult it becomes to reveal the cons. The greater the investment, the more there is to loose. Inevitably, one or the other individual will fail in pretending to be perfect. Usually first offenses are dealt with leniency, lots of goodwill has been generated, so the answer is to make a note, and hope that it never happens again. Forgiveness is applied.

Offense.

Unfortunately these cons are embedded deeply into the character of the individuals. It is doubtful that he or she may be unaware of their existence or their nature. They are hidden from view, waiting to reveal themselves. The offended individual can chose to accept it as a single instance, and hope that it does not reoccur, address it in the spirit of a healthy relationship by requesting some definite action from the other, or postpone dealing with it to a later date, therefore avoiding confrontation.

This action frees both the offender and offended from having to confront something that may sour the relationship. But by this precise action, along with the offence, the planting of the seeds of discord will inevitable arises later. Usually it is by mutual consent that this strategy is adopted. One could assume that both have an interest in sweeping the offense under the rug.

Lamentably, whether it is the same offense or a new one being experienced, patience starts to wane. After all, a strategy for dealing with this sort of issues has been adopted and appears to be working, for a while at least. Now, if these issues persist, it becomes necessary to revisit the strategy. It is at this time that the relationship has an opportunity to choose how to deal with them in the future. To have arrived at this last point, supposes that both individuals are aware of the lack of success in dealing with offending actions.

Many times, due to the lack of attention paid to the con for a long period of time, the offended develops a sense of insensitivity by the offender. If the offended chooses no to call out the offense, the offender may be unaware of it. This scenario may cause embitterment on the side of the offended.

Goodwill gets exhausted, bitterness and resentment grows, a sense of despair with the success of the relationship looms. Some individuals feel that they have yielded too much to their partner, without a similar effort on the counterpart.

The usual interaction is to focus on the symptom, not the cause of the problem. We do this because we only see the symptom; it is in front of us. Any attempt to deal with it, usually yields more friction, since at his point individuals are only interested in avenging such offenses. This is very destructive.

A possible solution would be to go back in time and identify all the elements that brought these individuals together, listing them on the pros column. Listing next to them in the cons column all the things that cause friction. Addressing this list with an understanding that we all are flawed, and that they want to try to solve these issues is a great beginning.

Acknowledgement of these can be very revealing and therapeutic. Rancor and bitterness tend to put individuals on the defensive. Why would anyone subject oneself to such hardship?

As time passed, these offenses have become entrenched in an arsenal of weapons that individuals are unwilling or incapable to relinquish. They are used in all battles for turf, pride, dignity, etc. If a true desire to improve the relationship is genuine, all reference to the symptoms should be avoided.

Undestanding.

They need to learn or preferably to remember that, if an individual expresses having been hurt by the partner’s actions, it should be regarded as an attempt to show caring for the relationship. The offender should not question nor doubt the expression of pain, and should, if the individual cares, apologize for such offense, and try not to repeat it. It is after all an act of love to apologize to a loved one. It is a sign of caring and maturity. Only the strong know the power of the apology, and the weak confuse it with shame.

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Ella y el ensueño

La realidad


Después de unos largos años de ausencia y de haber trotado por mucho del mundo, me encontraba nuevamente en mi patria natal. Había vuelto casi como un extraño con cierta regularidad. Mi estadía fuera había creado una persona menos atada a sitios, cosas y gente. Esto era acentuado por mi personalidad pragmática y de acuerdo a algunos algo flemática. Uno es como es, y no le es fácil verse como lo ven los demás. Inclusive, hasta la imagen física que tenemos de nosotros, es desconfiable. La obtenemos al vernos reflejados en el espejo. El espejo nos brinda una imagen truncada, la mitad derecha de nuestra cara es la izquierda para todo el mundo que nos observa. Es por eso que no siempre quedamos contentos con nuestras fotografías, así no es como nos vemos.

Inconsistencias de apreciaciones entre lo que uno cree ser, y como lo ven a uno pueden ser abismales. Cada individuo usa sus conocimientos del mundo para categorizar sus experiencias, siendo cada uno de nosotros una experiencia más. Entonces, después de muchas búsquedas, experiencias buenas y malas, me encuentro aquí ahora con algunas respuestas, y afortunadamente con más preguntas que con las que inicie mi viaje en mi vida.

Había llegado a la capital, y después de unos días visitando y socializando con amigos y parientes algo lejanos, una pareja de amigos me invitaron a pasar una temporada en su casa de playa al sur de la ciudad. Sin tener mejores planes acepté su gentil oferta y quedamos en viajar un viernes. Ellos visitan esa casa muchos de los fines de semana durante el verano. Los balnearios formados por estas nuevas urbanizaciones, tenían un ritmo de vida particular. Los fines de semana eran álgidos, las casas llenas de gente, un ambiente muy festivo. Desde el viernes por la noche hasta el domingo de mañana, donde ya muchos emprendían el viaje de regreso a la ciudad para ocuparse de su vida rutinaria.

Acepté la invitación porque además de poder pasar unos momentos agradables en su compañía, también conocería el ritual de la excursión semanal a los balnearios, que muchos de los habitantes de la ciudad habían tomado como una de las actividades favoritas veraniegas. Además de poder saborear el fin de semana, mis amigos insistieron, al ver que no tenia ningún otro compromiso, de que me quede toda la semana. De esa manera no tendrían que cerrar la casa y estarían mas seguros si yo me quedara hasta su vuelta el siguiente fin de semana. Este arreglo me vino muy bien. El balneario quedó vacío, excepto por unas pocas almas a partir del lunes. Solo el rugir del mar, las aves marinas y el revolotear de mis pensamientos eran mis compañeros.

Los días eran templados, una mezcla de sol y nubes, las tardes y noches algo frescas. Era un ambiente ideal para descansar, pensar y reflexionar. La soledad, algo que antes evitaba, era ahora refrescante, especialmente después de un fin de semana lleno de eventos, copas y amistades. Salí a caminar por la playa después del primer café de la mañana. Recordaba muchas partes de mi vida, era como si estuviera haciendo un recuento de ella. Vívidamente recordé mi niñez y juventud dejándome un sabor agridulce en la boca. Decidí anotar algunos pensamientos para explorarlos algo más.

A mi regreso a casa, tomé mi laptop y cree un archivo con el nombre de “vida” y anote algunas ideas para explorarlas más adelante. Me hice otra tasa de café y me senté en la terraza para aprovechar el poco calor que el sol brindaba al final del verano. Me perdí en mis pensamientos o quizás quede dormido. Desperté de mi estupor y fui a darme un baño y a ver donde comía algo. Había visto un restaurante durante las caminatas con mis amigos, y me lo habían recomendado como un sitio cómodo y agradable. Opte por investigarlo.

El restaurante


Me vestí y fui para allá. Miré el menú en una pizarra fuera y servían mayormente platos marinos y algunas carnes. Solicité la mesa en la esquina izquierda del salón. Las paredes estaban decoradas con objetos caseros y marinos. No había mucha luz, la poca que entraba por una claraboya en el centro del ámbito, iluminaba el restaurante, dejando a las mesas en la periferia algo en penumbra. Todavía no habían encendido las lámparas que iluminarían el restaurante por las noches.

Me senté con amplia vista del lugar. En la mesa en la esquina derecha del salón había una pareja mayor, casi no hablaban, no podía escuchar ni un murmullo. Mesas mas adentro, cerca al bar y mas iluminadas, había una con una mujer de pelo largo que me daba la espalda. Cenaba sola. La atendían, con cariño, como si la conocieran. Bebió varias copas de vino. Se levantó y acercó al bar, apuntó a una botella en el último anaquel del bar y le sirvieron una copa. Ella era pequeña, delgada, elegante y bien arreglada. La distancia me impedía identificarla, traté de recordar a las mujeres que conocía que pudieran compartir esos rasgos. No vi cual licor escogió, pensé que podría ser un licor dulce o amargo como digestivo. Asumí que tenia que ser una mujer con una buena experiencia alcohólica o una conocedora de licores.

Al volver hacia su mesa con copa en mano, pude ver su rostro, creía conocerla, pero no podía estar seguro si era realmente conocida, o ese tipo de rostro que recuerda a otros. Dio dos o tres pasos hasta su silla y miró con detenimiento en mi dirección. No podría verme bien, ya que la penumbra era aun mayor que a mi llegada, solo la luz de una vela iluminaba mi rostro. Se sentó y momentos después volvió su cuerpo aun sentada hacía mi dirección. Era posible que alguna vez nos hubiéramos cruzado y hasta conocido.

Volteó y quedó sentada mirando lo que desde mi lugar parecía una revista de modas. Jugué en mi mente con la idea de acercarme y decir algo, que decir, el dilema de siempre. Tomé mi copa vacía y encaminé al bar. Pase a su lado como si no exístiera o fuera ciego, y acercándome al dependiente, le pregunté, ¿me podría servir aquello que le sirvió a la señorita séntada detrás mío? Lo dije suficientemente fuerte como para que ella lo escuchara. El dependiente volvió a alzar su mano y bajo la botella. Pastís, es pastís, un licor de anís francés, me explicó. Muchas gracias, me gusta el anís. Todavía de espaldas a ella, lo degusté. Con la botella todavía en la mano el dependiente la levantó hacia ella en gesto de salud y le dijo, ¿deseas otra copa? Si, muchas gracias. Miré al dependiente y estiré mi mano en gesto de que me entregue la botella para yo servirle. Me miró, la miró y como con su aprobación, me la entrego. Di vuelta y dos pasos después estaba al borde de su mesa, parado muy erguido con botella en mano. Esperé su reacción.

La miré, me miró, y gesticuló ofreciéndome asiento. Puse mi copa y la botella en la mesa, tiré la silla y me senté. Mucho gusto, le dije, ¿nos habremos conocido en alguna vida anterior? Sonrió en silencio. De alguna manera y no recuerdo como, pero tengo un presentimiento que te he visto o conocido alguna vez, reiteré. Tomó el ultimo sorbo del pastís que quedaba en su copa y elevó la copa en gesto de que cumpliera con la razón de haber traído la botella a ella. Disculpa, me he quedado deslumbrado con tu belleza y con ensueños de mi pasado y no te he servido el pastís. Seguía sonriendo. Le serví el licor y alzó su copa como en brindis, alcé la mía y sin chocarlas tomamos un sorbo.

Espero no malinterpretes mis comentarios, no estaba preparado para entablar conversacion alguna. Si deseas, te dejo tranquila, veo que estás muy entretenida con tu lectura, y no quisiera darte una mala impresión. Además quien sabe quien puedes ser. Si fueras una princesa, seria yo un sapo. Si fueras la mujer de un mafioso, me ganaría un contrato en mi vida. Si eres sorda o no entiendes lo que digo por que no hablas este idioma, no quisiera molestarte más. Seguía mirándome con benevolencia. Me levanté rápidamente, devolví la silla a su sitio, tomé la botella y mi copa y casi como bailando, devolví la botella al bar y continué a mi mesa.

Me senté sintiéndome un idiota. Llamé al camarero y pedí mi cuenta. Momentos después, la vi hablar con el, se levantó y vino a mi mesa. En la mano tenía la bandeja con mi cuenta. Tiró la silla opuesta a mi, se sentó y estirando el brazo me la entregó. No entendía nada. Mirándome como si fuera un bicho raro, me dijo, primero, no creo haber malinterpretado tus comentarios, fueron chistosos. No soy princesa, ni mujer de mafioso, o sea que sobrevivirás. Decidí jugar algo contigo, no soy sorda y entiendo muy bien tus intentos de entablar conversación conmigo. Es fascinante ver a un hombre tratar de iniciar algo nuevo con una mujer desconocida. Lo que he venido a decirte, es que no puedo creer que no te acuerdes de mi. Se bien que han pasado muchos años, pero eso es inaceptable.

Empecé a sentirme mal, me culpaba por no recordarla. ¿Quien era, de donde y cuando? Recorrí mis memorias sin éxito, no la encontré. No puedes ser así conmigo, le dije. Como bien dices han pasado muchos años, todos cambiamos, seguro que tu has cambiado mucho, por eso no te reconozco. Lo que pasa es que yo soy mayor que tu y cuando nos dejamos de ver eras una niña, ¿como esperas que te reconozca? Estaba montando mi defensa y hasta una posible ofensiva. No es así, somos casi contemporáneos, dijo ella. Ese argumento no me funcionó. Ella seguía al asedio. Teníamos amigos en común, andábamos a veces en grupo, recuerdo que eras gracioso, deportista y bailabas muy bien, me dijo.

Por fín una oportunidad para contrariarla. Ya vez, me haz confundido con otra persona. Sí, me hán dicho que soy algo gracioso, más del lado tonto o infantil, no gracioso de bromas. Lo de deportista, es cuestionable, depende con quien hables, además dejé de hacer deporte al dejar el colegio. Eso de bailar bien, total equivocación, no solo piso a mi pareja, sino que me piso yo solo y hasta tropiezo. Soy un peligro en la pista de baile. Ya había recuperado algo de control, su acusación me mantuvo cautivo momentáneamente. Opte por estirar la verdad con lo del baile, decidí que era más importante equilibrar su ofensiva con cualquier arma posible. Pensé que de repente ella estuviera jugando conmigo, y que nada de esto era verdad, solo quería ver como reaccionaría. Reconocí esta treta, si es que lo fuera, por que yo también la había usado alguna vez.

Me miró, girando su cabeza, como examinándome, o como buscando indicios de mis mentiras, también reconocí este gesto. Bien, le dije, si es que me conoces como dices, recuérdame algún evento que corrobore tu acusación. Muchacho, no te lo tomes tan en serio. Hagamos esto, tratemos de recordar dichos eventos y cuando aparezcan los compartimos, te parece, pregunto. Bueno, acepto. Ahora, creo que sería mejor que canceles tu cuenta, ya el camarero te está mirando con mala cara. Si por supuesto, saqué mi billetera y la tarjeta de crédito. ¿Eres parte del restaurante? Le pregunte. Solo clienta asidua, me conocen y consienten. Bueno saberlo, no quisiera que el camarero tenga celos de mi. ¿Por que tendría celos? Por que estás aquí conversando con un extraño. Ya te he dicho que tu no eres un extraño para mi. Verdad lo olvidaba.

¿Esta tarjeta de crédito es de un banco extranjero? ¿Si, no la aceptan? No creo, ¿no tienes otra de un banco nacional? No tengo ninguna. Quizás puedes pagar con efectivo, el camarero prefiere efectivo. ¿Estás segura que no estás afiliada al restaurante de alguna manera? Segura. Vino el camarero, ella le entrego la bandeja con la cuenta y la tarjeta de crédito, y con un gesto que créo que el entendió que usara esa tarjeta extranjera. El camarero volvió y me entregó la cuenta a firmar. Ella me dijo, si vas a dejar propina, debe ser no menos del diez por ciento, sino, mejor no dejes nada. Gracias por la información, no estaba seguro del monto a dejar.

¿Por cuanto tiempo te quedas en la playa y donde estas? Me pregunto. ¡Eres bien directa con tus preguntas! Cierto, bien hecho y dicho. Si lo que pasa es que la vida es aun mas efímera aquí en la playa. El año calendario tiene 365 días, la temporada de playa, a lo máximo son 120, entonces todas las experiencias tienen que hacerse con eso en mente. Además, yo no tengo tiempo para perder con un gracioso. Me devuelves el halago, me gusta tu proceder.

Llegué el viernes, a la casa de los Montañe, me dijeron que me quedara, no se cuando regresaré. Bueno, bueno, mucha y poca información, veamos, los Montañe, los conozco más o menos. Estás aquí 4 días y ¿no sabes cuando te irás? Sí, así es, tendré que volver algún día. ¿Volver a donde? Pregunto. Al otro mundo, o a la siguiente dimensión. No te pongas metafísico, que es muy temprano en nuestra relación para ir por ahí. No es metafísica, es una manera figurativa de hablar, además, me dices que me conoces y ahora estás frenando mis impulsos metafísicos. Creo que te empiezo a recordar, eras esa niñita que solo le gustaba que le hablaran como ella quería, ¿esa eras tu? No creo, creo que me confundes con otra. Puede ser, como tu me confundes con otro.


¿Donde es esa otra dimensión de la que hablas? ¿Esta lejos, es alcanzable, podría visitarla? Eres muy inquisitiva, ¿en realidad quieres saberlo?, o es que me estás siguiendo la cuerda como a un loco? Un poco de los dos, ¿te molesta? No hasta el momento, todavía es nuevo y te voy conociendo. Bueno, me vas a decir o es que tengo que rogarte? ¿Me rogarías? No. Me lo imagine. Estoy aquí por que estoy en un limbo en mi vida, he hecho, vivido, soñado, perdido y ganado, ahora sin viento en mis velas, a la deriva. Estoy aprovechando este impase para reflexionar y mirar los hechos de mi vida, le dije. Me parece muy saludable, es algo que debería hacerse mas a menudo, quizás todos los días, tener concepto y realidad de vida, en pocas palabras notar las vivencias. No solo vivirlas, sino saborearlas, las dulces y amargas, hay mucho que aprender de eso.

Pareces ser muy profunda, ¿es verdad o solo postura? ¡Que atrevido! ¿cuestionas lo que digo, creo y siento? Definitivamente, las palabras que salen de las bocas, muchas veces son vacías. No puedo saber si son verdad, el tiempo lo comprobara, sobre tus creencias y sentimientos, los conozco menos y no puedo decir si o no. ¡Eres incrédulo, no crees en el prójimo! No es así, lo que es verdad es que no confió mucho en nadie. Si yo mismo me decepciono de cuando en vez, como puedo confiarle al prójimo y aun menos prometerle algo. La decepción está basada en una frágil dependencia que muchas veces se rompe por promesas incumplibles.

Te has puesto medio serio, no es para tanto. Hablemos de algo distinto, dijo. Por que no me cuentas algo de ti, ¿por que te has cruzado en mi camino? Yo no me he cruzado en tu camino, si bien recuerdas, fuiste tu el que me sirvió el pastís, el que se acercó a mi mesa, el que me habló tonterías y quiso entablar conversación conmigo. Tienes toda la razón, como lo pintas, fui yo el que me crucé en tu camino. Si, así lo veo yo. Pero, fuiste tu la que vino a mi mesa, y hasta este momento, lo único que haz hecho es interrogarme y cuestionar mis ideas. ¿Estarías de acuerdo?

Bravo, muy bien dicho, que manera de poner las cosas mas sucintas y al grano, te aseguro que con esa manerita tuya, debes haber conquistado a muchas mujeres. Ahora, eres tu la sarcástica, en realidad no me ha ido tan mal, pero parece que contigo no funciona. Para nada, creo que regresaré a mi mesa. No lo tomes así mujer, estamos jugando, tanto tu como yo, por lo menos eso es lo que yo estaba haciendo. Si tú no lo hacías, mil disculpas, no fue mi intención ofenderte. Como me estabas dando duro, pensé que siendo como eres no te gustaría que acepte tu castigo, sin defenderme. Pero si no fue así, disculpa y dame una nueva oportunidad de encantarte.

Como dije antes, estoy en una isla, alejado de mi hábitat y en busca de esclarecer los hechos de mi vida. Esto probablemente no me predispone a entablar una relación cordial con tan bello ejemplar femenino, le dije. Creo que ahora vas por mejor camino. No necesitas disculparte, yo también soy directa. ¿Entonces me quieres encantar? Por supuesto, eso no es lo que todos queremos, deseamos gustar a los demás, buscamos aprobación y sentir conexiones humanas, ¿no crees? Si, es verdad, nos va mejor tratando de agradar a la gente que enemistándonos con ellos.

Cuéntame algo de ti, le dije. ¿Algo como que? No quiero hacer preguntas, no me gustan las preguntas, indican que es lo que uno quiere saber e impiden que la otra persona escoja que compartir. Que buena explicación, gracias aprecio tu delicadeza, trataré de usar tu método en el futuro. Ahora la halagada soy yo. Vivo aquí en la playa casi todo el año, voy a la ciudad cuando tengo que ir, prefiero la paz y tranquilidad de la playa, aun en invierno cuando está desolada. No tengo pareja ahora, las he tenido antes, tengo dos hijos grandes, uno en la ciudad el otro en el extranjero. Tengo una posición económica que me permite vivir cómoda, me gusta la música, el cine, el arte y me divierto con mis amigos cercanos. Hay mucho mas pero no quiero aburrirte. No me aburres en lo mas mínimo, me encanta escuchar a la gente mayor.

La noche


Sería mejor que te quedes esta noche a dormir aquí. Hemos bebido demasiado y estaría preocupado si vas a dormir en esa casa vacía. Te invito a quedarte, esta casa tiene muchas habitaciones y puedes escoger la que quieras. Le dije sin titubear ni permitirle ninguna interrupción y mirando atentamente su expresión tratando de intuir su respuesta. Me miró como si fuera la primera vez que había escuchado algo así, y sonriendo me preguntó, ¿eso es lo que quisieras? También sonriendo, le dije, ¿tus padres no te enseñaron a no responder a una pregunta con otra pregunta? Y si, es lo que quisiera. No quedaría tranquilo si te dejara ir sola, sería mejor que estés acompañada.

Me miró intensamente y después de un momento que me pareció interminable, replicó, en verdad a mi no me gusta pasar las noches sola, me da miedo y prefiero dormir con alguien. Yo te protegeré. Con una mirada pícara me preguntó, ¿estás seguro? Haré todo lo posible por no desilusionarte. Le serví la ultima copa que quedaba en la botella y tomando mi copa me paré y le di mi mano en señal de que viniera conmigo a escoger su habitación. Tomó mi mano y como una niña caminó a mi lado. En el corredor habían cuatro habitaciones preparadas para recibir huéspedes. Pasamos la primera, la segunda, sobre paramos un momento en la tercera y vimos la cuarta.

Dio la vuelta, y ahora ella guiándome, me llevo a la tercera. Esta me gusta más, ¿puedo escoger esta? Claro que si, le dije. Que coincidencia, que escojas esta habitación, es en la que dormí anoche. No, no quiero incomodarte. No es ninguna incomodidad, hay otras, no te preocupes. Era una habitación mediana con una cama de dos plazas y un pequeño baño completo. ¿Quieres acostarte? Creo que si, ha sido un día largo y creo que bebí más de lo debido.

Usa lo que necesites del baño y acomódate. ¿Donde dormirás tu? En la habitación al lado, ¿esta bien? Sonriente dijo, no se como decir esto, pero en verdad prefiero que me acompañes. Nos estamos acompañando mutuamente, ¿pero quieres que me quede aquí contigo? Ahora con cara coqueta, me respondió, si, es que sino no podré dormir de miedo, ¿te quedarías conmigo?

Si esa es la única manera para que duermas, acepto. Pero ¿no roncas? Con una risa nerviosa, respondió, no ronco, pero si me muevo algo. ¿Algo? ¿Como un pescado o como un gatito? Más como un gatito. Bueno, prepárate para dormir mientras yo iré a cerrar las puertas y vuelvo pronto. Iré al baño y te esperaré para poder dormir.

Al volver la encontré echada sobre la cama en posición fetal. Había apagado las luces de las lámparas de las mesas de noche, la habitación estaba en penumbra. La luz del corredor iluminaba la cama y su cuerpo permitiéndome mirarla por un momento, hasta que apagué esa luz. Esperé hasta que mis ojos se acostumbraran a la penumbra y entre en la habitación hasta el borde de la cama.

Se había quitado la falda y las sandalias. Tenía todavía puesta la blusa suelta y larga sin mangas que cubría su torso y algo de sus caderas. Su cuerpo miraba la pared al lado izquierdo de la habitación. Entré al baño y me desvestí hasta mi ropa interior. Volví a la habitación la miré y al no ver ningún movimiento, con cuidado me eché en mi lado de la cama. No sabía si ya dormía.

Levantó su brazo izquierdo y estirándolo hacia mi, tomó mi brazo y torso y lo trajo hacia ella, me moví en su dirección. Mi torso estaba pegado a su espalda, mi cara contra su cuello. Lentamente sentí sus caderas y piernas acercase a las mías hasta conseguir un contacto de nuestros cuerpos que iba de cabeza hasta los pies.

Olía su perfume de una manera como nunca antes. Mi brazo lo tenía contra su pecho entre sus senos y mi mano estaba casi en su cuello. Devolví mi cabeza a la almohada y repentinamente me encontré en los brazos de Morfeo.

La mañana.


Desperté. Ella, no estaba. Habría sido un sueño.

Toda mi vida he sufrido de lo mismo. Soy cautivo de la claridad de ellos. Eventos, imágenes, y hasta películas durante el día los impactan con intensidad. Sueño mucho, dos tres y mas veces en una sola noche. A veces, sobresaltado con la intensidad o angustia de uno, despierto esperando romper el hilo. Solo para caer dormido, y continuar donde había quedado. Su intensidad, casi real alimenta mi mente durante el día. Los recuerdo detalladamente. Es como un ciclo que alimenta mi imaginación e impregna mi ser, despierto y dormido. He llegado a dudar, si mis sueños son en realidad sueños, o es que es mi vida, y mi vida es un sueño.

Salí a ver si era verdad.

Ella, no estaba. Busqué por toda la casa. Todo estaba como lo había dejado la noche anterior. Recordé que habíamos bebido vino. Fui a la cocina, miré en el lavabo, sobre las mesas, y nada, ni indicios de copas. Salí a la terraza, hay pudieran estar las pruebas que buscaba. No encontré nada que sustentara mi experiencia. Empecé a pensar que mis sueños nuevamente estaban jugando conmigo. Desistí de mi búsqueda y lo califiqué como sueño.

¿Pero desde que momento? ¿Era todo un sueño? ¡El restaurante! ¿Eso si fue verdad? Había comido, si. Fui en búsqueda del recibo en el bolsillo de mis pantalones, los de anoche. El recibo estaba, no tenia el detalle del consumo, que me hubiera podido indicar si le invite algo a ella. Pero era prueba de algo. Iría en algún momento a preguntarle al mesero si me recordaba, y mas importante, si recordaba mi interacción con ella.

Me prepare el primer café de la mañana, y planeando mi día, no podía olvidarla. Su presencia estaba como un fantasma por toda la casa. Creía, a momentos oler su perfume. Tendría que averiguar con el mesero lo antes posible. Este tipo de intrigante plagaba mi vida. Algo de angustia sentía, al no tener la certeza de la realidad. Termine el café, me vestí rápidamente y salí al restaurante. No podía esperar mas.

Hice una lista de preguntas, en caso que no obtuviera una respuesta satisfactoria. He visto demasiadas películas policiales, es necesario abordar el tema por diferentes ángulos. Llegué a su puerta, eran las 10:40 a.m., las puertas cerradas. Tiré las dos, estaba cerrado. En un marco a lado de las puertas, tenia el horario de atención. “Abierto de lunes a domingo, de 1:00 p.m. a 4:00 pm., y de 7:00 p.m. a medianoche. Cerrado los martes.” Era martes. ¡Joder!

Mis planes, arruinados. ¿Que es eso de abierto de lunes a domingo? Por que no ponen, “abierto todos los días”. ¿Es que hay algún otro día, en alguna dimensión a la que yo no tengo acceso? Que absurdidad. No entiendo, y no quiero preguntar, por no mostrar mi ignorancia. ¿Podría ser correcta esa advertencia? Estaba frustrado, y cuando lo estoy, tengo que desfogarme para calmarme.

Camine cabizbajo y con la cola entre las patas un rato formulando el plan “B”. Tendría que esperar un día para hacer esa averiguación. Podría buscarla por la urbanización. Saldría a caminar por horas esperando toparme con ella. Que pensaría la gente al ver un desconocido, rondar por horas. Sería algo extraño. Tenia que calmarme. No se debe decidir nada apresuradamente.

Por el momento, iría a casa, descansaría, me daría una ducha fría y vería que me depara el destino. Antes de volver, caminé por el malecón para ordenar mi mente. Conseguí, solo momentáneamente, no pensar en ella. Era como si el fuego de mi deseo había sido alimentado. Esto no era nada nuevo. Vivía, ilusionándome. Era una manera de elevar el volumen a una vida unísona. Disfrutaba estas oportunidades.

Volví a casa, y entre una y otra cosa, llegó la media tarde. Buscaría otro sitio donde cenar. Ella también lo haría, si cenara fuera a menudo. Podría volver a encontrarla. El plan “C”, se estaba fraguando. Cuantos sitios abiertos habría. Recordé que los Montañe, me dijeron que solo había tres restaurantes abiertos de lunes a jueves. Solo quedarían dos abiertos. Iría a investigarlos, con suerte la encontraría.

Con el ánimo renovado con esa nueva consigna, tranquilice mis angustias, y hasta sentí algo de optimismo. Pronto iniciaría su búsqueda, ya con mayores posibilidades de encontrarla. Me serví un escocés, que me recordó lo agradecido que debemos estar de poder degustar esa agua bendita procedente de tierras tan lejanas. Tan bueno estuvo, que repetí. Me senté en la terraza, y momentos después soñaba con ella, esta vez dormido.

Ella había llegado y viéndome dormido, se sentó a observarme. Tenia una expresión dulce, como cuando una madre mira a un bebé dormido. No sabía si despertar o no. ¿Podría? Me di cuenta que estaba soñando, algo que tenia que aclarar. Muchas veces en mis sueños miro el mundo con mis propios ojos, otras veces me veo como en una película. Tenia la curiosidad de ver que haría si no despertara. Pero no quería que se fuera.

Traté sin éxito, de despertar. Estaba atrapado por mi sueño. Esta vez no podría escapar. Tuve que presenciar sus acciones sin poder intervenir. Dejé de verla con mis ojos, ahora veía la película. Se levantó y entró a la cocina. Cogió una hoja de papel y escribió, “te vine a ver, dormías, nos vemos pronto. Yo”. Podía ver su mano escribiendo, miraba sobre su hombro. Tomó la nota, y la puso en el sofá a mi lado, y salió hacia la derecha.

Quería seguirla. Nunca me dijo donde vivía. Hubiera podido tocarle la puerta. Buscarla, encontrarla, conocerla mas. Eso quería. Ella consumía mi mente. ¿Me estaba obsesionando? Esto era como una droga para mi, una que me gustaba consumir. Había pasado mucho tiempo que no la usaba.

Quede reviviendo una y otra vez, la escena en la que ella se acercaba a depositar la nota, y con dulzura en sus ojos, elevaba mi esperanza de volver a verla.

Desperté contento, miré el sofá, buscaba la nota. Miré por doquier, sin éxito. ¿Que fue? ¿Ella otra vez, en mis sueños? Desilusión. Habría que volver. Al plan “C”.  

La encontré en la cocina comiendo unos pedazos de mango que había pelado. Estaba parada contra la isla de la cocina de espaldas a mi. Me acerqué sigilosamente y parándome detrás de ella puse mis manos en el borde de la isla a cada lado de ella. Buendía, ¿pasaste una buena noche? `Girando rápidamente volteó su cabeza algo hacia mi y dijo, he dormido profundamente pero tuve muchos sueños. Olía nuevamente su perfume por la cercanía. Me encanta, dijo. Quedé perplejo, a que se refería.

¿Que es lo que te encanta? Es algo que recuerdo vagamente en mis sueños, esa frase estuvo muy presente. ¿Algo te encantaba? No se, todavía no me acuerdo. Era algo que escuchaba o más bien venia de mi, como una mantra, repetidamente. ¿Lo escuchabas o lo decías? No estoy segura, estoy poco a poco recordando. Yo también tuve varios sueños raros. Te cuento uno si tu me cuentas uno de los tuyos, le dije. No creo, fueron muy extraños. ¿Tu te acuerdas de los tuyos? Yo usualmente me acuerdo muy claramente los míos. Te prometo contarte uno si tu lo haces también. Tenemos el resto de la semana para comparar, analizar y entender estos sueños.

La dejé y fui a la cafetera. ¿Deseas café? Si por favor, me encanta. Voltee rápidamente y me miraba con otra sonrisa picaresca y coqueta volteando su cabeza para acomodar su pelo. De espaldas a ella, dije, has pensado si nos contamos nuestros sueños? Si tu me cuentas uno de los tuyos primero, yo te prometo corresponderte. No es justo, pero ya que me has ofrecido protección y dejarme dormir acompañada, tendré que devolverte el favor.

Tomando el café, le pregunté como le iba en la vida desde la ultima vez de vernos, tratando de encontrar mas indicios para ver si me pudiera acordar de ella. Bastante bien en unas cosas, mas o menos en otras, respondió. A estas alturas en mi vida es algo difícil estar sin compañero, ya no soy tan joven y bella como antes, seguida por una risa nerviosa. Noté que esta sería una buena oportunidad de contradecirla y halagarla. Para mí siempre has sido no solo bella pero elegante, interesante y algo coqueta. ¿Coqueta yo? No se, no creo. ¿No crees o no eres? Yo nunca me he puesto a pensar en eso. A mi me parece que lo eres, y en momentos bastante coqueta. Me miró y sonrió tirando nuevamente su pelo al lado. Eso que acabas de hacer con tu pelo se podría considerar una coquetería. No, dijo sonriendo. Yo no hago eso. Si lo haces, especialmente cuando estás conmigo, por lo menos yo lo veo así.

¿Todavía no te acuerdas de mi? Preguntó. En verdad, la vejez tiene su precio. Yo tampoco soy el galán que era, y con el pasar de los años he perdido la belleza y encantos, convirtiéndome en un viejo con muy mala memoria. Esas excusas las podrás usar con otras, no puede ser que no me recuerdes. Estaba nuevamente a la ofensiva. Había soñado con una joven, pero no podía saber si era ella. Tampoco había escuchado su nombre en mi sueño. Seguro que estás jugando conmigo otra vez, dijo. Tendría que mantenerla con esa idea, hasta poder reconocerla. Traté de cambiar el tema de conversación.

¿Que fue de tu ultima pareja? Ni hablemos de el. Era muy inseguro y celoso de mi. Creo que con razón, si coqueteas con los hombres. ¡Yo no coqueteo! sonriendo dijo. El fue muy atento a mi al comienzo, después cambió. Ahora que lo mencionas, creo que el tenía celos de ti. ¿De mi, por que? Porque tu siempre fuiste muy atento conmigo. ¿Porque has sido así? Por que para mi además de los halagos que ya te di, siempre respondías a ellos con interés y me daba gusto de atenderte.

Bueno, ahora a contarme tus sueños. No se si deba contártelos, son muy personales. Claro que son personales, pero me habías prometido contármelos y yo contarte los míos, hicimos un pacto. Además, ya somos adultos y es un tema que me interesa sobremanera. ¿A ti no? Bueno, si lo pones así, tendré que cumplir mi promesa, pero muchas veces no los entiendo. ¿Vamos al sillón de la sala para estar mas cómodos? ¡Vamos! Nos sentamos, ella cruzó sus piernas al estilo indio enfrentándome, y jalando su blusa la metió entre sus piernas. Prométeme que nunca vayas a contar esto a nadie. No se porque te lo voy a contar, no debería. Estamos en la misma situación, tu confiarás en mi, yo en ti.

La versión de ella

Recuerdo que después de encontrarnos en el malecón quedamos en reunirnos en mi casa para tomar unas copas. Llegaste puntualmente y estaba lista para recibirte. Conversamos y tomamos una botella de vino blanco, después fuimos a cenar. Estoy recordando lo que pasó anoche para ver si me puedo explicar la naturaleza de mis sueños.

Me parece muy sensato, quizás podremos hallar algunos indicios en lo que pasó anoche, que pudieran esclarecer el por que de esos extraños sueños. Extraños, ¡si, eran muy extraños!, ¿Por que usaste esa palabra para describirlos? Por que, para mi lo fueron y parecían tan reales que no sabía si los había soñado o vivido. Eso es lo mismo que yo siento, dijo ella.

Después de la cena, ya con varias copas, volvimos a esta casa y conversamos y tomamos otras copas mas. Creo que me ofreciste que durmiera aquí para no tener que caminar a casa y después de reusar tu oferta, me convenciste de quedarme. Me dijiste que habían suficientes habitaciones y recuerdo me llevaste a escoger una y así lo hice y me acosté, quede dormida y tuve esos extraños sueños. Aproveche para recordarle, que estaba un poco ebria, y que la caminata a su casa era larga y obscura, y que ella misma me había confesado que temía dormir sola, especialmente en una casa vacía. Si, es verdad, ahora recuerdo haberte confesado eso. Hasta aquí estamos de acuerdo que esos fueron los hechos de anoche. Si, recuerdo que fue así, me dijo.

Dijiste esta mañana que tuviste muchos sueños. Cual me vas a contar? Ay, no se, todos son tan extraños y tan turbios. ¿Turbios? que quiere decir turbios? Ya sabia que me preguntarías eso, fueron sensuales, ya lo dije. Sensuales es bueno, sensuales de manera de los sentidos, ¿como que tus sentidos estaban realzados? No, mejor diría eróticos, pero también algo sexuales. Al terminar de expresarse, se mordió el labio, como si hubiera dicho algo que no debía.

¿Estás seguro que quieres escuchar esto? No se por que me siento tan cómoda contándote esto a ti, es como si fuéramos cómplices, es muy extraño. No siento vergüenza de revelarte mis mas profundos secretos. Los secretos solo son secretos si no los cuentas, esto no creo que pueda considerarse secreto. Además, ¿quisieras guardarlo y no tener el placer de compartirlo? Si, tienes razón, no son secretos, son experiencias que ahora quiero compartirlas, no se por que, y no se por que contigo. Tomó unos cojines los puso tras su espalda y se acomodó casi echada, sus piernas todavía cruzadas.

El plan “C”.


Después de la ilusión. Llegó la desilusión. Tenia que sobreponerme a ese impase. Ella, no estaba. Habría que buscarla, y con suerte encontrarla.

¿Era ella real? ¿En realidad la había conocido? La recordaba perfectamente, y detalladamente cuando estuvimos juntos en el restaurante. No tenia prueba, pero estaba casi seguro de que era verdad. ¿Habría todo sido uno de mis vívidos sueños? ¿Lo estaría inventando todo? No sería la primera vez. Cuando sueño despierto, creo escenas tan convincentes que compiten con mis sueños dormido.

Esta vez, quería creer que fuera verdad. Me estaba obsesionando con algo que hacia mucho tiempo no sentía. Era el comienzo de una infatuación, que pudiera ser mi última. Este fuego, revivía en mi una sensación de bienestar que era extasiante. Deseaba tanto que fuera verdad, que me hizo reflexionar. Estaba como un joven. Cuando realmente, estaba en el otoño de mi vida.

Siempre me había gustado enamorarme. ¿Eso era lo que me sucedía? Llegué a entender que esa sensación, es enteramente egoísta. Uno la siente, la alimenta, y aun puede existir sin una contraparte. Es decir que, es preferible notar indicios de esa sensación en el objeto del deseo, pero no es requerido. Cuantas veces uno desea sin ser deseado.

Muchas veces, había discutido con amigos, el anhelo de enamorarse nuevamente. Por la vivencia que brinda. Es un estado de bienestar coloreado con incertidumbre, pero siempre intenso. Uno siente que atrae a otro ser, y viceversa. Completando los requisitos para que, del deseo surja el amor.

Las horas del día se esfumaron. El sol se ponía en ese horizonte plano del inmenso océano. Basta de reflexión. A ejecutar el plan. Me bañé y vestí. Bebí un escocés, y un segundo. Buscaba encontrar algo de coraje en ellos, en caso de que todo fuera un sueño.

Enrumbé al primer restaurante. Era, ya hora de cenar. Me imagine que las horas de atención fueran limitadas, ya que la demanda es baja los días de semana. Al llegar al primer restaurante lo confirmé. Solo atendían de 7 a 9 p.m.

Ingresé y pedí ver la carta. La revisé, y escogí una mesa que diera amplia vista del único salón. Habían 2 parejas cenando separadas. Había pensado, que para poder cubrir los 2 restaurantes, tendría que ver la manera de dividir mi tiempo entre ellos. Había también ya confirmado que el otro restaurante estaba abierto y tenia las mismas horas de atención. Una hora en cada uno, me rendiría la mayor cobertura posible.

Bebería unas copas con unas tapas en el primero, y cenaría en el segundo. Esperando encontrarla con esa estrategia. Pedí una copa de vino blanco de la casa, y unos mejillones para pasar esa hora en vigilia.

Pasaron los minutos con una lentitud que no había experimentado antes. Hasta la música del local parecía sonar a una velocidad lenta. No se si era así, pero tampoco sonaba mal. Era como si todo se moviera en cámara lenta. Por un instante pensé que estaba dormido y soñando. Ya no podía distinguir entre esos dos estados. Me dije que estaba despierto, para calmar mi creciente angustia.

Cerré los ojos por un instante, y al abrirlos y mirar el reloj de la pared del restaurante, la hora había pasado. ¿Me habría dormido?

Sobresaltado, me paré y fui a la caja a pagar mi cuenta. Ella, no había llegado. Tenia que cumplir con el plan. Salí hacia el segundo restaurante. Me preparé mentalmente para encontrarla ahí. Entré, miré a los comensales. Ella, no estaba.

Desilusionado de no verla, pero con la pequeña esperanza de que llegara, pedí una mesa y la carta. Otra copa de vino y una pasta con camarones, entretuvieron mi mente parte del tiempo de vigilia ahí. Ya eran las 8:30 p.m., solo le quedarían 30 minutos para llegar y cenar. Como es que pudiera ser tan optimista de pensar que eso sucedería. Las probabilidades eran remotas.

Pudiera estar en el primero, yo aquí, sentado esperándola, nunca llegaría. Decidí, volver al primero en caso de que fuera así. Pedí la cuenta, y cuando el mesero se acercaba a mi, tras el, vi una silueta aparecer y después desaparecer, al ser eclipsada por su cuerpo.

Moví mi cuerpo para poder observar mejor. Era una mujer. La distancia no me permitía distinguir sus facciones, y no podía identificarla. Abruptamente me levanté, cosa que sorprendió al mesero. ¿Algún problema señor? Pregunto. No, ninguno, solo que creo reconocer a alguien. Volteo, y dijo. Es la señora de Lucca. ¿La conoce?

En ese instante, me di cuenta que nunca me había dicho su nombre. Yo no la había reconocido. Ella si me recordaba. Ella sabía mi nombre, yo no el suyo. Un momento. Ella nunca había pronunciado mi nombre. Lo recordaba claramente. En mi anhelo de conocerla, y con mi deseo de creer en la gente. Había cometido ese error. Todo su argumento de conocerme era una farsa, o ella me confundía con alguien mas.

Creo que la conozco. Le dije. ¿Cual es su nombre? La señora Sandra, Sandra de Lucca, ella vive aquí en la playa. Era ella, estaba seguro. La reconocía de la noche anterior. No había sido un sueño.

La vi sentarse al otro lado del salón. Pague la cuenta y me volví a sentar. La pregunta ahora era, había realmente interactuado con ella, o esa parte, la habría soñado. No quería hacer el ridículo de acercarme a ella, sin la certeza de que habíamos hablado. Tenia que estar preparado, en caso de que no hubiera sucedido como lo recordaba. Si fuera asi, le diría que me había confundido con su doble. Que la noche anterior estuve gratamente conversando con su hermana gemela, o con un androide suyo.

Estaba en desventaja. Que injusticia. Esperaría que encuentre mis argumentos entretenidos y que de esa manera, me permitiera conversar con ella. Si hubiera todo sido verdad, esperaría que continuemos donde habíamos dejado la noche anterior. Un sentimiento vacío y helado empezó a correr por mis venas.

No recordaba nada después de estar con ella en el restaurante esa noche. ¿Donde fuimos? ¿Que hicimos? Era algo que se me había escapado de la controlada cronología de mi vida. Tenia la tendencia de hacer un esfuerzo por recordar los momentos despierto, para no confundirlos con el caos de los dormidos. Era una de las maneras que usaba para mantenerme precariamente al borde de la locura. Esa sensación la conocía. Era intensa, y requería atención inmediata.
Hice lo que hacia siempre en estos casos. Cerré los ojos, respiré profundamente, y me dije, calma. Hallarás la respuesta, o no, a tu pregunta. Pero no en el estado que estás. Calma. Eso me sirvió para poder volver a operar con algo de normalidad. Me acercaría a ella, y probaría mi suerte y habilidades. Esperé que el mesero se alejara.

Respiré hondo y sin mas ni mas, enrumbe a ella. Me daba la espalda, algo que me permitió acercarme sin se descubierto. Siempre he creído que la sorpresa puede darnos cierta ventaja. Le diría hola. ¿Como estas hoy? Si se acordara de anoche, todo iría bien. Si no, me miraría sorprendida, como se mira a un bicho extraño, y sabría, que no me conocía o no me recordaba.

Con este último escenario, usaría el argumento de la doble, y vería como me iría.

La implementación.


Hola Sandra. ¡Que coincidencia! No sabía que frecuentabas este restaurante. Sin permitirle ni un respiro. Continúe contándole lo bien que lo había pasado anoche con ella. Que después de hablar con mucha gente local, sentía que la mayoría de las conversaciones eran banales. A cambio, la nuestra de la noche anterior había sido refrescante en su profundidad y amenidad. Estaba, sin duda tratando de halagarla. Todo esto lo hice previniendo la posibilidad que no me conociera, y que encontrara mi monólogo por lo menos creativo, y no ofensivo.

Me miraba sin expresión. Escuchándome atentamente. No podía leer, o saber si estaba por buen camino. Esto me desestabilizó, empecé a sentirme como la noche anterior, como un idiota. La diferencia, era que ahora estaba frente a ella. Tendría que recuperar el control, el que se me escurría como agua entre los dedos.

No podía permitir que pasara lo mismo de la noche anterior. Sufro de sueños recurrentes, y no quiero que mi vida despierto también sufra de lo mismo. Recordé una película donde el protagonista se despierta todos los días, solo para vivir ese día nuevamente. Todo esto se me pasó por la mente en un instante. Ella no se inmutaba.

Se me ocurrió repetir la estupidez, que le dije anoche. Eso lo de princesa. Pensé que podría tener el efecto deseado. El de cambiarle la expresión, y que por dios dijera algo. Por fin, vi un lado de su boca tornar hacia una sonrisa que estaba reprimiendo. Por fin pude obtener una señal alentadora, que me permitiera continuar con mas seguridad. Y no sentir que el piso me tragaba.

Estás nuevamente jugando conmigo. Como anoche. Le dije. Casi. Caigo en tu red. Si me engañas una vez. La culpa es tuya. Otra vez. y la culpa es mía. Su cara había cambiado. Era dócil y casi dulce. ¿Me permites sentarme? Le pregunte. Sin palabras, y con un elegante gesto de mano, entendí que lo permitía.

Tenía muchas preguntas. Primero establecer y validar, que lo que recordaba del restaurante era verdad. Que habíamos hecho al salir del restaurante, y finalmente si ella durmió conmigo. La primera era fácil de establecer. Su expresión validaba mis dudas, y confirmaba que nos conocíamos. ¿O no? Su reacción solo confirmaba que estaba entretenida conmigo, no que me conociera y menos como lo recordaba yo. Como saber si todo ese rollo de película en mi mente era verdad.

¿Quieres un pastís? Le pregunte. Pastís. ¿Que es? ¿Como? ¿Me quieres volver loco? Le dije. ¿Por qué? Como que por que, anoche bebimos pastís en el otro restaurante. ¿No recuerdas? Bebí demasiado, no lo recuerdo. Su respuesta me dio el indicio necesario que me conocía y que habíamos estado juntos.

Estoy perdiendo la cabeza, debo beber menos. No se lo que pasó anoche. Dijo. Estarías contenta. La pasaste bien. ¿Te acuerdas de algo? Recuerdo que cené en el Canario, un restaurante cercano, donde me miman. Después de varias copas, un extraño, un señor algo mayor, se acercó a mi mesa, arguyendo de que me recordaba de su niñez. Yo no podía recordarlo. Me invito un licor detestable, que tuve que beber por cortesía.

Insistía que habíamos crecido juntos, y que después de regresar de las minas en el interior del país, estaba buscando respuestas para varias preguntas que tenía. No podía librarme de el. Finalmente, conseguí que el mesero del restaurante me lleve a casa y dormí hasta esta tarde. No beberé nunca mas. Le quedaba un cuarto de garrafa de vino tinto por consumir.

Su versión y la mía tenían similitudes, pero diferencias irreconciliables. Que sucedía. Algo andaba mal. Sabía bien que mi mente siempre jugaba conmigo. Quizás ella sufría como yo. Podría estar jugando conmigo, como lo hizo la noche anterior. Aposté a eso. Esperaba que no fuera como yo, del lado imaginativo. La situación en la que me ponía, desafiaba mi intelecto, y mi sentido de la realidad. Era excitante, pero también incomodo.

No sabía como conseguir que cese de hacerlo, si estaba jugando conmigo. Me encontraba, ya, tan comprometido emocionalmente con esta empresa, que sería delincuente de mi parte no invertir mas en ella. Le dije, que disculpe, que creía que me había confundido, y que me despedía de ella. Así, pensé que forzaría su mano. Lo conseguiría, o me iría sin esclarecer nada. Me levanté y salí vencido del restaurante.

Realmente, quedé inmóvil y en silencio. La miraba estudiándola. No se inmutaba. Impávida me miraba. Alcé mi mano en gesto de obtener la atención del mesero que estaba solo a pasos mío. Si señor. Dijo. ¿Tienen pastís? Fije mi mirada en su expresión. Creí verla parpadear, sus ojos tenían otra forma después del parpadeo.

Si señor. ¿Desea una copa? No, sírvenos 2 copas por favor. Una para la señorita. Señora. Dijo ella. Espero te guste. Anoche conocí a otra señorita que le gustaba mucho. Gracias a ella aprendí algo nuevo a mi vejez. Parecería que tienes algún éxito con las señoritas. Aun mas, aprendes de ellas. Agregó. Seré viejo, pero algo de sabiduría tengo, y no dejo pasar las oportunidades de aprender lo que me interesa.

¿Solo lo que te interesa? Así es, ya no pierdo el tiempo con cosas que no me sirven. ¿Te estoy sirviendo? Me imagino que además de servirte, te intereso. Escuchas muy bien y prestas mucha atención. Demuestras una agudeza de mente que me pareció carecías cuando primero hablé contigo esta noche. Por un lado me halagas, por el otro me criticas.

Lo que pasa es que, no podía entender que no recordaras lo de anoche. Viniste a mi mesa, conversamos largo. Salimos y caminamos bajo las estrellas. Fuimos a la casa donde estoy, bebimos mas y te acostaste en mi cama.

Hombre, que rollo es ese. Parece una película romántica algo cursi. Mencionaste que conociste a una señorita anoche en un restaurante. Arguyes que es mi doble. Yo no soy señorita. No tengo doble, hermana gemela, y ningún androide en el armario. Eras tu el anciano cargoso que se ¿acerco a mi mesa? Muchacho, será esta luz, pero te vez algo mejor.

Bebí unas copas en el Canario. Los dueños son amigos, y Esteban, el mesero usualmente me acompaña a casa después de cenar. Anoche, no recuerdo que fuera distinto. Hubieras podido suplantar a Esteban y llevarme a casa, eso puede ser. Siempre hay estrellas en el firmamento, o sea que eso no lo discuto. Lo de que fuimos a tu casa, bebimos y me acosté contigo, eso lo niego rotundamente. Otra fantasía muy masculina.

Bueno vamos tejiendo la verdad. Lo del restaurante fue verdad. Lo aceptas. Me acerque al bar, el pastís, tu mesa, mi mesa, y el resto. Algo así recuerdo. Dijo. Veamos si podemos probar las otras hipótesis. Tus hipótesis son improbables. Pero mujer, como puedes dudar de esa manera, si no recuerdas si fue Esteban el que te llevo a casa. Bueno, mañana cuando vuelva al Canario, le preguntare y saldremos de la duda.

Bien, y que hacemos con tu pernoctada. No me hables de eso, ya te he dicho que eso no lo hice. No soy ese tipo de mujer, además recuerdo que desperté en mi casa. Lo recuerdas, o estas tratando de hacer esa nueva memoria, enfrentándote a la posibilidad de esa verdad. Dijiste que no recordabas mucho de nada, como puedes estar tan segura.

Era obvio, que se estaba sintiendo incómoda. Su lenguaje físico lo demostraba. Estaba a la defensiva. Algo nuevo en nuestra interacción. Ella era la que me había tenido desbalanceado desde anoche. Ahora era yo el que ejercía el poder. Decidí aminorar mi asalto, y bajar algo la ofensiva.

¿Que sucedió con tu última pareja? Una pregunta indiscreta, que sabía la extraería del asedio de la pernoctada. Me miro seria, y después sonriendo dijo. Eres un zorro, te crees un gato jugando con un ratón. ¿Crees que no me doy cuenta de lo que haces? ¿Qué hago? Sabes bien lo que haces. Cambiar el tema, disipar la presión, para nuevamente mas tarde reiniciar. Conozco bien esa treta. Que zorro eres.

Me había leído como cuento de niños, hasta con ilustraciones. Aproveche para halagarla, diciendo. Nada se te escapa, bravo. Tienes toda la razón. Te veía algo molesta con la pernoctada. Pero eso de que seas un ratón con el que pueda jugar, esta bien demostrado que no es así y debo tener mas cuidado contigo.

La corta tregua.


Llegó el mesero con el pastís. Puso las copas en la mesa. La mire intensamente para ver como reaccionaba al anís. Levanté mi copa en acción de brindis. Ella como sorprendida rápidamente brindó. Espero te guste. A la señorita que conocí anoche, le encantaba. En verdad, fue ella la que me lo hizo conocer. Bueno, basta de ayer, por el momento. Quiero dedicarle el tiempo que me queda para esclarecer nuestras confusiones.

Confundido estarás tu. Yo no, que va. Si crees que conseguirás convencerme de algo que no hice, o no me acuerdo que hice, la tendrás difícil. Además, ya he bebido casi una garrafa de vino, y me das más alcohol. No estarás esperando embriagarme, para aprovechar de mi situación para extraer una confesión. Esa la negaré, como lo hago al estar sobria. ¿Que trago es este?
Sabe a anís.
Si, es hecho con anís.
Esto se bebe, ¿antes o después de cenar? No estoy seguro, yo lo probé por primera vez anoche. No tengo la intención de embriagarte. No existe en mi mente ningún beneficio en hacerlo, pero si podría ver varios maleficios de que estés en esa situación.

Creo que estás jugando conmigo. Entre lo que dices que no me conoces, el pastís, y demás. Quieres que piense que no nos conocimos anoche. Acepto tu proceder, es algo no ortodoxo, en particular si te interesa saber algo de mi. Tu juego, es severo y siento que de repente prefieres que me retire. Por otra parte, el mismo juego, no me libera, y no se que quieres. Es genial.

Escuchaba atentamente mis palabras, como tomando nota de temas a revisar más tarde conmigo. Su expresión no daba señal alguna. La experiencia ha sido emocionante, pero yo necesito que me digas si quieres que te deje tranquila.

Mira, la vida es muy dura para tomársela tan en cerio. Algo de juego es agradable. Haz llegado a mi, fuiste gracioso y ameno, me agrada. Hace mucho que no tengo la oportunidad de ejercer este efecto en nadie. Haz sido un regalo del cielo, vida rutinaria con su sin son monótono. Te he usado para practicar un arte, que casi se me quedaba en el olvido. No te ofendas, es un juego, tanto como el tuyo. Creo que estuvimos jugando los dos.

Una confesión. Aleluya. Tomé un tiempo en procesar lo dicho, mientras saboreaba el anís. Finalmente habíamos atado el primer lazo de confianza. Con ese nudo, podríamos tejer una nueva relación. Mi malestar se esfumó, y tenía un bienestar que bordeaba en una situación de triunfo. Solo había vencido ese sinsabor. No a ella. Tampoco eso era lo que quería. En general me había divertido también. Lo que ella hizo conmigo, fácilmente lo hubiera podido hacer yo. Estaba en mi carácter. Ella me ganó por puesta de mano. Yo tenia otras cosas que arreglar con ella. Por el momento gozaría la tregua y lamería mis heridas.
La mire y su cara era otra. ¿Estas bien?
Si. ¿Y tu?
Yo mucho mejor.
Tienes mejor cara. Estarás mas tranquilo con lo que te dije.
Por supuesto, no solo eso, sino que las piezas del rompecabezas están llegando a su lugar.
Me alegro. ¿Quisieras salir a caminar? ¿El mesero no te lleva a casa?
Por favor. Eso solo sucede en el Canario. Solo ahí me tratan así, y por eso me permito unas copas demás. La vida acá puede ser tan tediosa que uno tiene que hacer algo.
Levantó su mano y pidió la cuenta.
Yo pago el anís.
Pagamos y salimos a caminar por el malecón.
¿Te acuerdas de nuestra caminata de anoche?
No.
Estaría negándolo por que no se acordaba, o por no aceptar que yo le había imputado ese argumento. O peor aun por que estaba ebria, o en estado de actuar sin recordar nada. No me pareció que estuviera ebria. Bueno pero todos nos comportamos distinto cuando bebemos.

Recuerdo que caminamos como media hora por el malecón. Recordé que tienes la manía de darle la vuelta a tu anillo con el pulgar y a veces con la otra mano.
Que fijón eres. Yo no hago eso. Que mas haz notado, seguro que ya tienes una lista. No se si me gusta, que me observen como ratón de laboratorio. Todos tenemos nuestras cosas. Seguro que tu también tienes las tuyas.

Era obvio que había tomado por mal camino. Ella se defendía. Era ella ahora la incomoda. Parece que a la gente no le gusta que se den cuenta de sus manías. Creen que nadie las nota. En verdad, poca gente es observadora. Como he notado en mi larga vida. Si, ya tenia mas de cinco y menos de diez idiosincrasias suyas en mi lista.
Yo no te estudio como ratón de laboratorio, mas como pantera de zoológico.
Que gracioso. No lo hagas, me pones muy nerviosa. Ahora no puedo actuar normalmente, si me observas así.
No puedo dejar de hacerlo, desafortunadamente para los demás, esa es una de mis manías. Es inevitable. Lo que si puedo tratar de hacer, es de no mencionártelo. Si prefieres.
Si, prefiero.

¿Podemos solo hablar del girar del anillo?
¿Como?
He notado que es como una señal que sin querer, das cuando estás incomoda. Lo noté anoche. Lo hiciste varias veces, y pude confirmar que fue en momentos ansiosos por nuestra conversación.
No solo eres fijón. También analizas tus observaciones.
De que sirve observar sin analizar.
Bueno, pero solo del anillo. Quiero saber como funciona tu mente inquisitiva.

Había mordido la carnada. La curiosidad humana es irreprimible. Ella por un lado no desea que el enumere sus manías. Por el otro, quiere saber que mas he descubierto de ella en mis observaciones. Es el ego, el que vence a la humildad. Finalmente quieren saber, por mas malo que sea, lo que uno sabe, o entiende de ellos. De cierta manera se sienten halagados por tener la atención de otro ser.

Durante la noche, noté que rotabas el anillo antes de hablar, como si te ayudara a formular tus respuestas. Lo noté mas cuando estuve monologando, e impávida me mirabas. Era, como si la rotación te proveía el coraje, o la estrategia que necesitabas. Algo como un asistente secreto, o un amuleto protector.

Parece que le has dado varias vueltas en tu cabeza a esto. Que manera de ser analítico. Acabas de mostrarme otra de tus manías. Diría, que bordea la psicosis. ¿Lo haces todo el tiempo? ¿Te das cuenta cuando lo haces? ¿Cómo te ayuda en tu vida? ¿Vez a un profesional?

Quien es el analista aquí? Tantas preguntas. Yo no tengo un anillo, o amuleto que me proteja del acoso de tus preguntas. ¿Eres una profesional en ese campo? O es que, ¿me quieres dar a palos? No creo que puedas hacer ese diagnóstico tan apresurado. Tendrías que verme postrado en el diván, por lo menos dos sesiones mas. Peor aun, pero entendible, que te estés vengando de mi manía de observarte. Montando una contraofensiva.

Que cosa la tuya. Que creativo eres. Que imaginación, y vaya con la lucidez que analizas a tu manera. No solo lo que dije. Si no también mi intención. Es un buen intento, pero no puedes estar seguro de que sea así. Todos observamos, unos mas que otros, yo no tanto como tu. Sobre lo del acoso de mis preguntas, entiendo que son personales. Como te dije, aquí en la playa la vida es comprimida, y no hay tiempo que perder.

Entiendo que la comunicación humana usualmente se inicia con preguntas. Por ejemplo el inocuo. ¿Como estas? Todas las preguntas exigen respuestas, indagan al prójimo, y pueden ser percibidas como indiscretas o inapropiadas. Se puede contestar verazmente, con profundidad, también con otra pregunta, o aun peor no contestar y hablar de algo enteramente ajeno.

Sobre tus preguntas, tenemos el resto de nuestras vidas para responderlas. Pero, estábamos hablando del rotar de tu anillo. Cosa que había notado, ya en mi afán de observarte. No lo tienes puesto. Paró abruptamente.
Joder, se me volvió a caer.
Siempre se me cae. Lo he extraviado muchas veces.
Recuerdo que era dorado, como un aro matrimonial.
Si, de oro. ¿Donde lo abré dejado?

Se me cae muy a menudo en la cama. Usualmente lo encuentro ahí. Por favor llévame a casa. Tengo que encontrarlo. A veces, me olvido de ponérmelo por un día entero y lo encuentro cuando me meto a la cama.
Vamos te acompaño. Caminamos en silencio hasta su puerta. Me despedí y volví a casa. Me quede pensando en lo complicado que sería entablar una relación con ella. Sabiendo solo lo que sabía.

El anillo.


Llegó el amanecer. El sol desde el este pintando con imperceptibles grises las largas sombras, que correrán como para abrazarlo, hasta ser intensas pero mínimas, para continuar su huída, cuando otra noche nos acompañe. Esta experiencia visual y emocionante, siempre me daba la paz interior que nutria mi ser. Sabía que vivía, y lo agradecía. Era una buena vida.

Me levanté del sofá de la terraza para hacerme otro café. En la cocina, noté lo que parecía una tarjeta personal al pie del refrigerador. Como es mi costumbre, antes de actuar, me pregunté, como había llegado ahí. No se me había caído. Posiblemente, había volado del lado del refrigerador, donde habían otras mas presas de varios imanes.

Fui a recogerla, y al agacharme, escuché un sonido que me recordó como cuando cae una moneda al piso, y empieza a girar hasta descansar en una de sus caras. El sonido no estaba en mi campo de vista. Venia detrás de mi. Recogí la tarjeta y girando en cuclillas torné 180 grados. Frente a mi, entre los aparatos de la cocina y la isla, estaba brillando un anillo. Un anillo, dorado.

Avancé hacia el. De donde había caído. Su peso, aun poco, no le permitiría trasladarse solo. No había brisa. Sucedió después de agacharme. Miré hacia abajo, y mi camiseta tenia un bolsillo. ¿Habría salido de allí? Lo levanté, y examiné con detenimiento. Era pequeño, definitivamente de una mujer. Tenia una inscripción en el interior. “S, +, R, 98”. Era un aro matrimonial.

Un momento. Sería, ¿el que ella había extraviado? La “S” pudiera ser ella. El resto no lo pude descifrar, mas allá de que fuera un Roberto, ú otro nombre con R, y el año de matrimonio. Pero que hacia ahí, en mi bolsillo. No recordaba como había llegado ahí. Esa camiseta la usaba para dormir, desde mi llegada. Tenia ahora algo en que entretener mi mente.

La buscaría y se lo entregaría. Ella, estaría frustrada de no encontrarlo. Asumí, que tenia que ser suyo. Era muy temprano para molestarla. Empecé a formular métodos de entrega. Quería jugar algo con ella.

Una opción sería de esperar verla y preguntarle si lo había hallado. Si no, sería de ella. De otra manera, sería de alguien mas.

Otra sería aprovechar el anillo para buscarla. Con esa escusa, poder verla nuevamente. Esto me daría crédito por encontrarlo. Me imagino que le agradaría.

Lo que no sabia, era como tratar lo de la aparición del anillo en mi casa. Como explicarlo. Como lo tomaría. Pensaría, que de alguna manera la estaba tratando de engañar. Pudiera acusarme de que lo recogí cuando se le cayó en la mesa del restaurante anoche. Que estaba usando el anillo como una carta de juego. No quería que fuera una razón de disputa.

El teléfono empezó a timbrar. Era un timbre antiguo y ensordecedor. Sorprendido por el ruido, inicialmente no podía determinar su procedencia. Salí de la cocina y caminé en su dirección. Encontré una antigüedad de teléfono negro con dial. No esperaba llamada, no sabía si contestar. Esperé para ver si colgaban, o que el contestador la tomara. Seguía timbrando. Alcé el fono y reconocí la voz de ella. Dije. Residencia Montañe.

¿Eulogio?

No. Soy el anciano que te acosaba anoche. Conseguí que riera. Estaba muy seria. Dime que deseas. ¿A que se debe tu llamada?

No encuentro mi anillo, es muy raro. He estado pensando en los cuentos que me contaste de la noche que arguyes que nos conocimos.

¿Cuales cuentos?

Bien sabes a que me refiero. A esas fantasías tuyas de caminar y dormir conmigo.

Para mi, no son fantasías. Tu haz tratado de desacreditar mis recuerdos. Si no fantasías, por lo menos han sido sueños. Pero, pensé que ya habíamos aclarado eso sin satisfacer ni a mi, ni a ti. ¿Por que quieres volver a eso? ¿Será que empiezas a recordar? Lo sabia, ni fantasías, ni sueños. Creí que me estaba volviendo loco.

No es para tanto. Si no estas ya loco, conmigo te aseguro que te meterán al manicomio.

Bueno saberlo. Gracias por al advertencia. ¿Puedo, entonces dejar de verte?

Si, cuando quieras. Pero ahora no. Tengo que por lo menos encontrar mi anillo. Lo de esclarecer el pasado, no me importa tanto.

Dime. ¿Cual es el apego al anillo? ¿Es sentimental? O Solo posesivo. ¿No se te puede perder nada?

Deja de analizarme. Quiero que me ayudes a encontrarlo.

Que gano yo. Me has advertido que estaré en camino al manicomio si sigo relacionándome contigo. Ese es un precio muy alto a pagar. Tiene que haber alguna mejor recompensa, que una camisa de fuerza.

Nunca me tomas en serio. Es importante para mi. No se lo que quieres. ¿Que quieres? Que te puedo dar.

Espero que esta no sea nuestra primera riña. Pero tienes que entender, que mi ser peligra a tu lado. Acepto tu desafío a la búsqueda. Me entretendre contigo.

Conmigo. ¿Por que conmigo?

Por que eres entretenida. ¿Como quieres hacer?

Recorrer los sitios desde la ultima vez que lo recuerdo tener puesto. ¿Te parece?

¿Cuándo fue la ultima vez que lo tenias?

No estoy segura. Pero si dices que lo rotaba en el Canario anteanoche, cuando abruptamente y desconsideradamente interrumpiste la paz de mi cena. Debe haber sido ahí.

Niña, con esa actitud belicosa, no conseguirás mucho de mi. Se que puedes estar frustrada y molesta. Pero, no he sido yo el que extravió tu anillo.

Si, disculpa. Tienes razón. Bueno, de ahí, según tu sueño caminamos un rato y fuimos a tu casa. Nunca se me cae en la calle, solo cuando estoy sentada o en la cama.

Recuerdo que no cayó en la mesa del Canario. Me hubiera dado cuenta. Y, si no cayó en la calle, tendría que ser en mi casa, o la tuya. Será que lo rotas y dejas suelto, y por eso se te cae.

Puede ser.

Que puede ser. ¿Que estuviste en mi casa?

No, lo de que lo suelto al rotarlo. No estuve en tu casa.

Entonces, tiene que estar en la tuya, en algún lado.

¿Quieres que vaya a ayudarte a buscarlo?

¿Serias tan gentil? Te invito a almorzar en forma de pago.

Dicen que el estómago es la ruta para hacer a un hombre feliz. Yo digo, que no solo de pan vive el hombre. Mis servicios requieren algo mas en pago.

Cuando llegues negociamos.

Me baño, y voy.

No podía decirle que lo tenía entre mis dedos. Tendría que crear un cuento para encontrar y entregar el anillo. Podría decirle que lo encontré en mi cama, como era de esperarse. Podría, también decirle que estuvo sentado en el sofá mirando el mar y las estrellas esos días. Que lo encontré en la puerta de su casa, cuando Esteban la dejó anteayer. También, podría hacer como que cuando lo buscaba en su casa, lo encontré.

La entrega.


Mientras me bañaba, decidí que lo mejor seria contarle la verdad. Por mas inverosímil que fuera. Iba a ser una interrogante para los dos. Tendríamos que investigarla y resolverla juntos. La posibilidad de que hubiera pernoctado en mi casa, tomaba nueva vida. Era ya algo casi irrefutable.

Habría encontrado su anillo, en la cama donde dormimos. Y, sin más ni más lo había puesto en el bolsillo. Como era, que no me acordaba de tenerlo cuando no se lo vi la noche anterior. Habría asumido que era otro anillo. Sabía por seguro, ¿que era el mismo? Tenia que aclarar esto para poder presentarle un cuento conciso.

Formulé algo que me daría suficientes datos para mi versión. Trataba de no revisarla mucho, en caso que pareciera ensayada o fingida. Me vestí y salí rumbo a ella. Tendría que mentirle, al no decirle que tenia su anillo, cuando hablamos en la mañana.

Me vio llegar. Estaba parada en la cocina, detrás de una isla. Tenia una copa de vino blanco en una mano, en la otra, una segunda vacía. Probablemente para mi. Con mano en copa, levantó su brazo indicándome que entrara.

Buenos días, como te va. ¿Alguna buena nueva?

Hola. Nada. No lo encuentro. Esto no me pasa.

Encontré este anillo en mi casa esta mañana después de tu llamada. No recuerdo el tuyo tan bien como para identificarlo.

Me miró de lejos, con cierta incredulidad. Creo que pensaba que estaba bromeando. A la distancia, no podía distinguir que cosa tenia en mi mano abierta, y menos si era su deseado anillo. Sonrío, como sabiendo que era una broma, y quedo estática.

Pensé que era el tuyo.

Tomé el anillo entre el pulgar y el índice de mi otra mano, y lo levanté para que pudiera verlo mejor. Inmediatamente, lo metí, en mi bolsillo izquierdo de mi pantalón.

Como un gato curioso, se acercó a mi, y con coquetería. Dijo.

¿Me lo muestras?

No huelo el almuerzo. ¿Que fue de tu promesa?

Anda, no seas así. Déjamelo ver. ¿Es el mío? ¿Dónde lo encontraste?

Un momento. Haber descríbeme tu anillo.

Es de oro, muy sencillo y martillado sin brillo. Por favor dámelo.

Haz descrito a la perfección el que tengo en el bolsillo. Aquí esta.

Si, si es. Eres un amor. Gracias por recuperarlo. Estoy en deuda contigo.

Estaba como una niña. Radiante. Hasta su presencia era juvenil. Miro la inscripción, y se lo puso en la mano derecha.

Me tienes que contar como y donde lo encontraste.

Estaba esperando esa pregunta.

No lo vas a creer.

Pruébame.

Le conté lo de la tarjeta en el suelo. Que me agaché, el sonido y el brillo del anillo. Que no tenía su numero telefónico para llamarla y darle la noticia. Lo mas perplejo, era que no recordaba como llegó al bolsillo de mi camisa de dormir. Pero, que definitivamente el anillo fue encontrado en mi casa. Quería ver como tomaba esa información, antes de agregar, que posiblemente lo había encontrado en mi cama.

Como un rayo de luz iluminando una sección de una escena de película nebulosa, vi el anillo. Salía del baño, en camino a la cocina, y por el rabo de mi ojo, vi algo incongruente con las sábanas revueltas de la cama. Nunca tiendo la cama. A lo mas, doy vuelta a las ropas, con la idea de ventilarla.

Un brillo inesperado. Como, si me llamara. Me acerqué, y era un anillo. ¿Que hacía en mi cama? Entonces ella había dormido aquí. Puse el anillo en el bolsillo y salí a buscarla.

Ella, no estaba. El único indicio de su estadía era el anillo. Este cuento me sonaba algo conocido. Si, claro, el zapato de Cenicienta. Me preparé un café, y el resto es historia.

No te creo. No me mientas. Estás otra vez jugando conmigo. Creí, que ya habíamos pasado esa página.

No estoy mintiendo, y tampoco jugando. Así fue como lo encontré. Además, acabo de recordar como fue. Lo vi, en mi camino del baño a la cocina. Lo recogí, y puse en el bolsillo. Después, como si fuera mágico me olvide de el. Eso, no lo entiendo. Estará embrujado.

No seas ridículo. Es absurdo lo que dices. Tiene que haber una explicación.

La única que cuadra para mi es que dormiste en esa cama.

Tiene que haber otra, no puede ser. No recuerdo nada.

Eso es otra cosa. O, tu estuviste ahí, y se te cayo, o, [[slnc 200]]tienes un anillo mágico. El que se transporta de tu dedo, a donde quiere posarse. ¿Lo ha hecho antes? Te estará diciendo algo, dando alguna señal. ¿Haz pensado en eso?

Ya se te está notando la locura. Seguro que has tomado tus medicamentos ¿hoy? No tiene lógica.

Es verdad. Dejé, mi imaginación correr. La posibilidad de que durmieras allá aumenta. ¿Por que no aceptas esa posibilidad? Es que al no recordar, ¿no puede pasar? O, es algo más. Algo, como que tiene que ver con el que dirán. O mejor dicho, ¿el que diré yo? Te aseguro, que no sería la primera vez que me sucede. Me parece muy normal, y no le resta al carácter de la persona. Más bien agrega un matiz de independencia en el comportamiento.

Así que te sucede frecuentemente. Que afortunado eres. No estarás diciendo eso para que si fuera así, no que lo acepto, me fuera mas fácil aceptarlo. A mi, no me causa ningún problema aceptarlo por pudor o vergüenza. Esa página ya la pasé. Es que si no me acuerdo, me es difícil.

Me alegro, que el único impedimento sea el no recordarlo. De todas maneras, creo que debemos darle más crédito a tu anillo.

Por que dices eso. Es solo un pedazo de mineral.

Si no fuera por el, no hubiéramos tenido esta agradable anécdota, y ha cambiado el rumbo de nuestra relación. Estoy aquí en tu casa, bebiendo vino, y esperando el delicioso almuerzo que me vas a servir, en recompensa por el hallazgo. Todo hubiera sido muy distinto sin su intervención.

Ahora, tengo una pregunta. ¿Con que frecuencia se te cae?

Rara vez, pero si sucede. ¿Por qué preguntas?

Por que las coincidencias son muchas.

No entiendo, cuales coincidencias.

Primero, asumiendo que dormiste en mi casa. Específicamente en mi cama. La segunda, es que se cayera, justo ahí. No se si te haz dado cuenta, de que sino lo hubiera encontrado en mi cama, nunca hubiera podido confirmar que estuviste. Y, menos que dormiste, ahí.

Hay algo mas, sino fuera por el anillo, no hubiéramos tenido que colaborar en su búsqueda. Cosa que ha estrechado nuestra relación.

Me imagino que se te cayó, y que no lo dejaste.

Sabía, que irías por ahí. Aparece el zorro nuevamente. Yo no necesito esas tretas para conseguir atención. Tengo suficientes encantos naturales para recurrir a esas bajezas.

Tenía que decírselo. Era otra oportunidad de mostrarle mi perspicacia, y reiterarle mi interés en ella. Logré recordarle que un poco de tensión es ideal para las relaciones incipientes. También logré que se defendiera. Cosa que hizo con algo de coquetería.

Así me lo imaginé. Estoy de acuerdo que tanto tu belleza interna, como externa, obvia la necesidad de recurrir a esas acciones muy por debajo de tu nivel.

Me alegro que lo entiendas así. Espero no tener que repetírtelo, y que quede permanentemente grabado en tu mente.

Niña, definitivamente. Eres implacable. Me alegro que hayas recobrado tu norte. Te volvío el color a la cara.

¿Mi norte? Haber dime que quieres decir.

Recobraste ese carácter áspero, pero aun coqueto que conocí anteanoche.

¿Áspero y coqueto? Algo contradictorio. ¿No crees? Parece que te gusta. ¿Eres masoquista?

Me gusta el amor después del dolor. Parece que a ti también.

No, a mi no. Prefiero solo el amor.

Yo también lo prefiero. Pero, solo de pan no se vive. Si solo hubiera amor, no sabríamos que és. La comparación es lo único que nos permite hacer sentido de las cosas. La luz y la oscuridad, solo existen en armonía, como el bien y el mal. El yin y el yang.

Además, tu comportamiento áspero, exige una reacción medida a la medicina que dispensas. Por consiguiente, recibes algo de tu propia medicina. Esto lo vi la primera noche contigo. Indica, que das, y espero estés dispuesta a recibir. Sino, donde está el gusto.

Hablando de gusto. Por que no almorzamos, y reiniciamos el tema en la terraza. ¿Te parece?

Buena idea, estoy hambriento.

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The return

After a long stay abroad, I found myself coming back home. Since my earliest recollections, I had been fortunate enough to be born to parents that travelled somewhat on missions for the government. As with most things, pros and cons abound. I was too young to have noticed that I was almost born in Jakarta, Indonesia, if it was not for the fact that my mother flew home to have me when she was seven months pregnant. Sometimes I think that I could have been Indonesian.

The issue of who we are is, of course in my humble opinion, very much of a gamble. Science tells us, that females are born with a finite amount of eggs. Assuming their fertility, odds of a pregnancy are dependent on sexual encounters. Females have to find or select a suitable male to engage in reproduction, chances of this are historically high, discounting factors, such as, female to male ratio, social, cultural and historical disposition of the female population towards men, sexual preference of the male population, etc. Again assuming his fertility, the miracle of conception begins.

At my return home, after much deliberation, a college was chosen with the assistance of many members of my family. I had completed two years of undergraduate at a very prestigious college in the capital city where my parents have been stationed for the past 4 years. As I had grown up, mostly abroad, my knowledge of the local customs was a bit rusty. I was leaving behind a city that had provide me with great friendships, academic and athletic achievements, as well as, a greater understanding of its culture, and some street savvy.

After setting up my few belongings in the half of the room that I had been assigned to occupy for the next two years, I could not stop myself in comparing my old with my new college with a bit of nostalgia. The similarities were many, the manicured lawns, hedges and trees, the high gothic red stone architecture, even to the size of the student body. I shared my observations with Will, my cousin who was already attending this college. He had volunteered to show me around and help me get my bearings. He pointed out; that the college I had previously attended would most likely be very different from this college here at home. Also, that I may be in for a real social rude awakening, since this was the capital of the empire, and not some college in a hinterland province.

He further explained that the college body was not very kind to the students that had traveled to other lands. He further emphasized that most students were born and raised in the capital, and were expected to become upstanding citizens of the republic. They were being groomed to carry on the tradition of the wealthiest families in the land. Will said that I would most likely be seen firstly as a curious oddity, someone that could be used as court jester by some of the most influential and wealthy of the student body. He cautioned me, that if I played my cards well, I could make use of this brief window of opportunity, before the novelty period wore off, to carve a secure niche for myself, and not fall into oblivion.

I had some experience in this matter, since I had been in this situation before in my life, traveling to other lands and encountering the same kind of tribal culture. Having had the exposure to these challenges at various times in my development, and I had learned, with some success, how to achieve my goals. Although, I may find myself at a bit of disadvantage, since these were the major leagues. These people had been perfecting the art of social status for millennia.

That evening Will showed me the town. College students and townspeople coexisted in a fragile détente. Many an incident in the past had sparked the old rivalry between classes. The town belonged to the townspeople, the college to the students. The students mainly had been the culprits in grievous challenges to the townspeople, understandably given their hubris of youthfulness. This universal phenomenon pits together the powerful, albeit immature and few, against the many and powerless. You do not have to wait long to see sparks fly.

We visited a myriad of liquor purveyors, having fun and meeting Will’s friends that had arrived for the school year. They all seemed to be of upstanding character, I noticed that Will’s friends were humble and true. I would very much like to join a group such as his. Some of his friends echoed his warning about the haves. I was also introduced to some of Will’s female friends. They belonged to the same tribe, nice, studious, some even could be considered bohemian. I was intrigued with meeting the more challenging elements of the social ladder.

By the end of the evening, Will and some of his friends, that in the spirit of being once again together had one too many drinks. I purposely had refrained from excess to make sure I would be clear minded to observe their actions and learn the local customs. Will needed my help to return to the dormitory, he could barely walk. I brought him back to my room and laid him down on the sofa to sleep his alcoholic stupor. The following morning, while I was trying to return Will to the land of the living, the first of my housemates arrived. He was a tall and slender man with an air of distinction. After the customary introductions, he mentioned that he had already met Will, and that he was well known to the student body.

His name was Richard, he proceeded to place his things in the room where I had been assigned, making him my roommate. Charles and George arrived together completing the occupants of the apartment. They started sharing their experiences while their absence from college. They spoke of the traditional bonfire that was to take place that evening in the heart of the college that evening. The bonfire was a traditional welcome event each year before the beginning of classes. As I was unpacking and folding my belongings, I heard female voices that permeated the apartment, and soon enough my housemates accompanied by six girls came into our room. I felt like the new kid on the block, the girls, had curiously come to see the new arrival. They all came in and Richard introduced them to me. I was on the side of my bed, next to the window of the room; the girls came closer for a better inspection. They all were talking about that evening’s event.

As I folded some shirts, and replying to more questions than I would have liked to, I felt something unsuspected. Two arms were hugging me from behind, feeling the torso of someone pressed against my back. It felt like a warm and friendly hug, from someone that knew me. Instinctively, I turned my head backwards to my right, only to see a shoulder. I turned to the left, to discover the face of one of the girls that had entered the room.

Our cheeks were touching, as she was as tall as I. She was smiling and looking at my reaction. This was so unexpected that for a moment, I did not react. Pondering my situation, I thought, would this be a prank? Is it something they take turns doing to the unsuspecting newcomer as a test or some sort of discomforting initiation?

I looked at the expression in the faces of the others in the room for clues. I thought that if they were all in on the joke, I could possibly see it in their faces. Actually, their expressions were of surprise, such as probably mine. This observation excluded the prank potential. This was most likely something spontaneous. I had not recognized a single face, specially, the girls faces.

I thought, that my long absence might have rendered my ability to recognize faces null. Possibly, the facial changes of some people had escaped any possibility for recognition. Her grip had not abated, and in an instant, I felt as if we were breathing in rhythm.

I looked again at her face. I could only see her profile; I tried to get a better look by removing my face from hers. She did not cooperate, this reminded of the situation when someone covers your eyes with their hands and asks you to tell them who they are. Her soft and warm skin was a pleasant welcome on mine. I could tell that she wore make up, I noticed a lip liner, they were thin but with a smile and upward curvature without actually smiling. Her bright hazel eyes had an expression of gentle approval.

When I recovered my senses, I noticed that her face seemed almost familiar. I could not remember when, where or how I had seen that face before. During my sensorial absence, which for me lasted and eternity, nothing of importance had transpired, everything and everyone was static as if time had only passed for the two of us.

I began feeling embarrassed by my inability to recollect her, I was proud of being able to do so. It appeared that that she got the best of me, and that no waiting or wrangling would be able to postpone the inevitable effort to save face. I thought that she might release me soon, this did not occur. I quickly composed in my mind what I would say to her.

Grabbing both her clasping hand and using my firm grip uncoupled from her. Holding her wrists in each of my hands after switching hands we stood face to face. Both of us observing each other’s features, as if to confirm our perceptions and not to make an awful error.
My first reaction was to follow my instinct to inquire of her if we had met before. I said, have we met before? She looked at me with surprise, released me from her grip, walked around my bed and sat down on Richard’s bed facing me.

Her expression had changed, it was a bit somber. Noticing this I thought that her reaction to my words might be misconstrued as a rejection, in my defense. I explained that I could not remember meeting her, but that her face seemed so familiar, that I would not want to later find out that I had dated her sister. This caused a momentary silence in the room, which was followed by a great chuckle from all. She began laughing and got quickly up, grabbing the hand of one of the other girls in the room, stormed out giggling.

She had the upper hand; I was puzzled as to her identity. Before resorting to my new friends, I decided to keep this secret embarrassment to myself for the time being. I did not want to start asking for information, before I exhausted all my resources. I could discreetly ask Richard what, if any was our connection. I began trying to match my impressions of her with past memories. Her pleasant face did not yield any clues; many years had passed since my early childhood when I could have possibly met her. She was not a child any more. Recalling as many of the girls faces during that era, frustrated me more, since her face wasn’t matching any of my memories.

The thought of not having met her, and that this was bad joke, started gaining traction with me. Maybe this was again an initiation prank, and since I was the new boy, it was my turn. If it was such thing, it seemed well rehearsed, and I would probably not find help from Richard, since he was most likely in on the joke. I had to go along and try to figure this out on my own, time was of the essence, given that I was most likely to encounter her again that evening at the bonfire.

Play along; was my decision, but how? I could pretend to recall her, and by choosing well my words, extract bits of information that could help me better paint the story of our relationship, or confirm that I had never met her. I thought long and hard as to how to do this. I found some questions that in their nature would reveal if we had shared experiences in our youth. I would openly accept that I did not recall her well, and that her name escaped me.

By recalling with her some of the possible events in which we could have crossed paths, I could confirm if she had been present, assisting me in establishing her identity. I remembered many occasions that a large group of kid would get together to go to the beach where particular events happened, that if she had attended, she most definitely have to remember. If she did not remember them, she was either absent or was fooling me. I could try to change some essential details to see if she would fall for my changes of the facts. This I had learned by watching spy movies, and apparently was a trusted technique to find out if spies had either experienced the events, or merely learned them from others.

I figured that I would casually share these memories and expect her to validate the facts as I remembered them. Also, I enjoyed this kind of brain game, and was excited to play along.

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La entrega

canalbargecruises
Buenos días. Que bello día. ¿Dormiste bien?

Muy bien. No sentí nada anoche. ¿Y tu?

Mejor, que hace mucho tiempo. Me siento aliviada, pero también algo aprensiva.

Me tendrás que contar como es todo eso. Tres cosas juntas en una oración. Mejor que hace mucho tiempo, aliviada y aprensiva. Acabas de crear una tremenda curiosidad, y solo es el desayuno. ¿Como será al almuerzo?

Por que te burlas de mi. No me tomas en serio.

Espera, esa no es ninguna burla. La burla es reírse de alguien más. Yo, no me estoy riendo de ti. Estoy sorprendido de tu confidencia. Me imagino que me vas a explicar todo. Por favor empieza por lo primero.

El sueño.

Bueno, si es así, dormí como una bebe, profundamente. Ahora recuerdo que flotaba en una colchoneta en un placido lago. La temperatura ambiental era perfecta. El agua era tibia, sentía mis pies acariciados por ella. Era muy placentero. Había una paz que no sentía hacía mucho tiempo. La mayoría de noches toso mucho en la cama. Anoche no.

El sueño del lago, ¿es algo que has vivido? Quizá algo similar. ¿Lo has soñado antes?

Creo que alguna otra vez soñé algo similar o igual. ¿Es importante?

Puede serlo. Parece ser un sueño pacifico y tranquilizante. Seria bueno recordar cuando antes lo soñaste, y si sucede antes o después de algún evento importante en tu vida.

¿Analizas sueños? ¿Lees las carta? ¿Eres vidente?

Quien se burla ahora. Eso si es burla. No, lo que pasa es que yo sueño mucho y tengo sueños recurrentes, que trato de entender.

Yo no pienso mucho en eso. Tampoco sueño con frecuencia, o no me los acuerdo.

El alivio.

Dijiste que estabas aliviada. Aliviada de que. Uno usualmente siente alivio de una presión o malestar. ¿Cual de los dos, es lo que sientes?

Los dos, y mas. No sabes el alivio, después de tantos años de incomodidad, y de sentirme a menos. Estoy esperando que esta nueva era me devuelva algo de amor propio. Todo depende de cómo me vaya.

Felicitaciones, no es todos los días que uno se siente así. Debe ser un muy importante logro de tu parte, para sentirte así. Que bien, espero puedas compartir los detalles conmigo.

¿Por que quieres saber? Eres un curioso. No serás un chismoso. ¿Crees que te mereces los detalles?

Mira chica, tu has sido la que me dio los indicios. Yo estaba aquí tranquilo sin problema alguno. Llegaste con tu cara radiante, algo que no había visto en un largo tiempo. Anunciaste esos tres estados anímicos, y ahora me acusas de chismoso. Si crees que lo soy, no hubieras iniciado esto conmigo.

Tienes razón, disculpa. Lo que pasa, es que no estoy acostumbrada a tener tanta atención cuando digo algo. Y, menos que les interese el tema para profundizar.

Entiendo bien lo que dices. Es difícil encontrar a alguien que sinceramente se interese en lo uno dice, y menos ir lejos con los temas. Las relaciones son mayormente superficiales.

Si, tienes razón, es por eso que…

¿Ibas a decir?

No, no quiero ir por ahí. Tampoco quiero dañar el bienestar que estoy sintiendo con pensamientos oscuros y vengativos.

Estoy anotando todo lo que dices para poder preguntarte después de su significancia.

No, no hagas eso. Déjalo, solo que un peso se ha levantado y ahora puedo actuar como quiero y deseo.

Espero esto también puedas explicármelo para poder entenderte.

No te preocupes, que pronto lo entenderás.

La aprensión.

Lo que no entiendo, es que, después de soñar delicioso, y aliviarte, tienes aprensión. Eso es sinónimo de ansiedad. Eso no puede ser bueno. El tercero contrarresta al los otros dos. ¿Estas segura que eso es lo que sientes?

Si, es que se trata de algo que tu y yo tenemos que tratar y resolver.

Tu y yo, en que lio me he metido. ¿He hice esta vez?

Realmente, no es el lio en que te has metido, sino, más bien en el que te podrás meter.

No entiendo. ¿Contigo? Parece que tu sabes todo este rollo, y yo estoy como oveja al matadero. Espera un momento, no se tratara de…

¿De que? ¿Que ibas a decir?

No nada, primero tu. Has sido tu la que inicio todo esto.

Yo no inicie todo esto. Bueno, si hablas del comienzo, pero hubieron otras manos en el asunto, que creo que sabes bien a que refiero.

No tengo idea. Por favor dime de que se trata. Ahora me estás contagiando tu aprensión.

No seas tonto, y no te hagas el inocente, bien sabes de que hablo.

En mi mente hay varias cosas, prefiero que especifiques.

La confesión

Se trata de la confesión que le hice a una muy buena amiga, sobre mi relación con mi marido. ¿Esto te suena conocido?

Algo, pero continua.

Lo insatisfecha que estaba y estoy con el desinterés de su marido. El me quiere, pero no me desea. Eso es, ya esta. Estoy segura que lo sabias. ¿Correcto?

Si, tu buena amiga me lo conto, ya hace un tiempo. Continua.

Ella confeso que su relación era igual, excepto, que era ella la desinteresada en el. Y, como bromeando me dijo. ¡Por que nos se juntan ustedes! ¿Qué? ¿Cómo se te ocurre? Le pregunte. Quedo callada por un momento, y dijo. ¿Pero, por qué no? Seria la solución perfecta para los cuatro. Ni yo, ni tu marido tendríamos que sufrir negándoles a ustedes ese placer. Ustedes, tendrían nuestra venia para encontrar algo de felicidad, que nosotros no podemos brindarles.

Me pareció descabellado cuando lo escuche. No sabia como reaccionar. La conocía de toda la vida, siempre había sido sensata y generosa. ¿Pero esto? Le pregunte, si lo había pensado antes.

Me respondió, que ella sufría cada vez que su marido la deseaba. Entendía que el tenia derecho a ser feliz, y que ella se sentía afortunada que esta discrepancia no había terminado con su matrimonio. Después de muchas riñas sobre este asunto, le había dicho que si deseaba otras mujeres que tenia su permiso para estar con ellas. Solo dos condiciones le puso. Que sea discreto, ella no quería enterarse. La otra que prefería que no se enamore, y la deje. Esta ultima, solo una preferencia, ya que solo se puede garantizar menos que la primera.

Yo había también había reñido con mi marido innumerables veces sobre el tema. El también se daba cuenta de mi dolor, y me dejaba actuar con algo de libertad. Ahora, me doy cuenta que habían momentos que dejaba sola. Creo que el también desea que sea feliz.

Además, ustedes son perfectos. Se conocen muchísimo. Les gusta vivir y la juerga. Estoy segura que no tendrían objeción. Creo que se gustan suficiente. ¿No es así?

Si, hay cosas que compartimos, como con cualquiera.

La atracción

No como cualquiera. Pensaría que hay algo de atracción entre ustedes. Lo he notado. A el le gustan mucho las mujeres, y creo que tu eres una de sus preferidas.

¿Por que dices eso? ¿Yo, preferida? Si, el es un hombre atractivo, pero…

No sigas, no vale la pena discutirlo, es lo que es. Se como mira a las mujeres, y he notado como te mira a ti. Cada uno sabe lo que sabe. Creo que tu lo has notado también. Pienso que a ti también te gusta.

Tu amiga parece ser muy moderna ofreciéndote su marido. Estará el, enterado de este singular arreglo? Se trata de una entrega muy especial.

Mira, yo se que ella te a dicho todo, por que ella me lo ha confirmado. No te hagas el desentendido. Tu eres parte de esta película.

Si es que es así, que papel me toca jugar. El bueno, el malo, el feo, o el tonto?

Eso depende de ti, y del director. Eres un personaje crítico. Espero que seas muy bueno, algo malo, nada feo, y menos tonto.

Tratare de no decepcionarte.

Nunca lo has hecho. Espero que no empieces ahora. Esta puede ser una de las pruebas más importantes en tu vida.

Con lo que dices me estás causando una ansiedad, que me esta subiendo la presión arterial. Yo, de ya, la tengo alta, y debo evitar todo tipo de emociones intensas. Me lo ha dicho mi medico.

Bravo. ¿Estas ya ensayando? Lo único, es no recuerdo haberte entregado el guion. Esa escena, la cortaron, o nunca estuvo ahí.

Como así, creía que yo iba a poder improvisar. ¿Ya leíste el guion? Y, eso ¿Por qué? Me estoy empezando a sentir relegado. Como la ultima rueda del coche.

Tienes razón en todo esto. Yo, he colaborado desde el comienzo en la trama. Esto me ha dado derechos de autor, que tu no tienes por ser el ultimo personaje. Ojo, que sin ti, esto no anda. Serás la ultima rueda del coche, pero una imprescindible para el balance de la pieza.

Ya se me esta estabilizando la presión. Por favor, continua diciéndome como mi actuación es imprescindible.

La negociación

Eres un narcisista y encima coqueto. Ya te dije suficiente. Además, tienes que aprenderte el guion antes que puedas actuar.

Y, donde esta el bendito guion. Tendré que revisarlo, para ver si me comprometo con esta obra. Quiero asegurarme que soy el personaje correcto. No quisiera defraudar a nadie, y menos hacer un papelón.

El guion te lo diré yo. Lo tengo en mi mente. Se bien que debo hacer, y lo que se espera de ti. Eres un buen candidato. Tanto el director, como yo pensamos que tienes los requisitos para que la obra tenga éxito. Conociéndote, estamos seguras, que harás lo posible para triunfar en ese papel. Sabemos bien de tu perfeccionismo.

Como. ¿No voy a leer el guion? Esta forma heterodoxa, no me convence. Tu me vas a dar las líneas. ¿Como en el oído? Aprecio la confianza que han puesto en mi, pero…

No hay pero que valga. Este es tu destino. Acomódate a las reglas del juego. Siempre andas diciendo que si uno no es flexible, se rompe. Se flexible. ¿Aceptas la reglas?

Que me queda. Es mi destino. Cuando empezamos.

Empezamos al momento que nos vimos, la película esta rodando. La única diferencia es que ahora yo dirijo, y junto contigo actuamos. Volviendo a lo que sabes, cuéntame con detalles que entiendes de la situación.

En breve, tu amiga y tu, después de confesarse, e identificar una situación marital similar, decidieron probar algo nuevo. Tu marido y ella, permitirían a sus parejas que compartan aquello que ellos, no estaban dispuestos, o podían entregar. ¿Voy bien por ahí?

Has entendido perfectamente la trama del primer acto. Eso evoluciono a el guion de la película, en la que nos encontramos, tu y yo ahora. ¿Que más entiendes?

La infatuación

Entiendo, que tu y yo tenemos el permiso de estar juntos. La pregunta, es que si eso queremos. Si fuéramos a hacerlo, no habría manera de volver. Las implicaciones son grandes. El poder, no implica deber. Se nos ha presentado una tentación. Hay que saber escoger. Me imagino que esto también estaba previsto en el guion.

Mira, el guion, es muy fluido. Hay cosa ya escritas, otras por escribir. Ahora tu has escrito esa parte. Es pensante y revela una muy buena preocupación mutua. La pregunta, es que se debe hacer. Por un lado, el ser desea ser feliz. Por otro, no quiere causar dolor. La situación en la que estamos es a raíz del dolor que cuatro personas experimentan. ¿Valdrá la pena aliviar el dolor de dos de ellas, y quizá al final el de las cuatro?

Puede ser. Parece que todos menos yo, ya han pensado en las ramificaciones de esto. Yo tenia que hacerlo.

No se esperaba menos de ti. Demuestras un alto nivel de consideración.

No seas sarcástica. No quiero parecer mas egoísta o narcisista, como bien dices, y actuar sin pensar. O, recibir mis líneas.

Bravo. Vas entendiendo. Ahora, se acabo el descanso, volvemos a rodar. Esta escena los enfrenta… Mejor empiezo y tu me sigues.

Mi gran amiga, la de la idea, me dijo. Que te gustan las mujeres, y que particularmente yo soy una de tus preferidas. ¿Puedes explicarme eso?

Tu gran amiga, tiene la lengua larga. No se como te ha dicho tanto. Me gustan las mujeres, admiro su belleza, tanto interna como externa. Busco belleza. Tengo, como todos mis preferencias de tipo, pero soy flexible. Lo mas importante es como son. Nadie es perfecto, pero hay mujeres y mujeres. Dentro de lo físico, existen ciertas partes corporales que me encantan, cuando son de mi agrado. ¿Responde esto a tu pregunta?

Que vivo eres. Crees que me vas a desviar o confundir con detalles. Solo has respondido a la primera parte de la pregunta.

¿Había dos partes? Cual…

Deja de hacerte el tonto. Bien sabes a que me refiero.

No puedes culparme por tratar. Si, es verdad, lo acepto.

Ya. ¿Qué? Expande muchacho, no temas.

Quieres que te diga, que eres atractiva. Lo dije. Eres algo coqueta, te sabes arreglar, vistes bien y tienes cosas que me agradan mucho. Me has atraído desde te conocí. No eres la única, pero definitivamente una de mis preferidas.

Una de tus preferidas. Eso me gusta, pero me gustaría saber si soy la preferida.

Mujer, que estas diciendo, es mucho pedir. Me estas poniendo contra la pared. Si insistes en que divulgue esto, tendrás tu también que responder a esa misma pregunta. Estarás dispuesta. Piénsalo, además recién nos estamos conociendo de esta manera. Podemos juzgar ahora, o después del intercambio.

Podríamos hacer un juicio ahora, con lo que sabemos y otro mas adelante.

Es verdad. Parece que estas muy curiosa o muy confiada en mi respuesta. ¿Por que tanta insistencia?

Quiero confirmar algo. ¿Me lo dices?

Eres tu mi preferida. ¿Contenta?

Muy contenta. Lo sabia. Ella tenia razón. Nunca lo vi, que tonta. Gracias por confirma que mi gran amiga presentía. Ella te conoce tanto mas que yo.

Llego mi turno. Ahora tendrás que confesar. Yo no he tenido la información de nadie para confirmar. De cierta manera, no estoy seguro que quiero saberlo. Tu gran amiga, años atrás me pregunto si tu me atraías. Le respondí, lo mismo que te dije a ti, hace un momento. No recuerdo si eras ya mi preferida, pero creo que ella lo supo, aun antes que yo. Nunca mas hablamos del tema.

Si prefieres no te digo ahora, y si prefieres esperar, o nunca saberlo. Respeto tu posición. Mi curiosidad me gana.

Tu narcisismo también.

Algo de eso. ¿Por que te gusto?

Que directa eres. Hablas como una niña, sin temor. Es refrescante, pero incesante. Me haces sentir bienvenido. Me sonríes, eres gentil, por momentos coqueta. Aprecio el cuidado que le das a tu cuerpo. Me divierto conversando contigo. Te ríes de mis bromas. Que mas puede pedir un hombre.

Y, ¿cuales son mis partes que te agradan mucho?

No se te escapa nada. Tengo tener mas cuidado con lo que digo. Tus lindas, pequeñas y delicadas manos y pies. Algo, especial en ti.

O, sea, que eres un fetichista de manos y pies, un enfermito de esos.

Si, y a mucha honra. Soy miembro de la sociedad de amantes de pies y manos, y hasta presidente de toda sud américa. Tenemos reuniones donde se presentan los mejores ejemplares de la zona y votamos democráticamente. He sido miembro de paneles de discusión del tema por todo el mundo. También, soy juez, en caso de disputa internacional.

¿En serio, no lo sabia? ¿Es una sociedad secreta?

Secretísima. Mi vida peligra, desde que te divulgue esto. Tengo los días contados.

Que imaginación tienes. ¿Sabrás mentir muy bien?

¿Por que lo dices?

Se sabe que los que tienen la habilidad de pensar y crear cuentos al instante, también son capaces de mentir bien. Salir con un cuento es similar a mentir, solo que mentir requiere mas fineza. El cuento se crea con motivo de entretener. La mentira, siendo un tipo de cuento, requiere tener la suficiente veracidad para no incitar la duda. Hay dos tipos de mentiras. La mas fácil es premeditada. Como crear un cuento para contarlo mas tarde. La otra, aquella que sucede al momento de la pregunta, menos tiempo para producirla. Esta requiere un mas alto nivel de habilidad.

Hay algunos que arguyen que esa habilidad fue concedida a algunos miembros ancestrales de mi familia paternal. Pero que en mi persona, ha llegado a el arte que se esperaba.

Eso lo tienes que haber ensayado. Bravo. No me digas que lo acabas de conjurar. No respondas, por que no podre saber si actúas o no.

Mejor déjalo así. Dicen, que no son las preguntas las peligrosas, sino las respuestas. Uno nunca sabe que va la gente a responder. Es mejor, no hacer muchas preguntas. Solo, las necesarias. Pero, creo que nos hemos ido por las ramas. Podemos volver a lo nuestro, eso que nos involucra en este momento. Dame mas líneas del guion.

La explicación.

Tienes razón, nos hemos desviado. Pero el desvió ha sido ilustrativo. He aprendido cosas tuyas que no conocía, y me gusta tu parecer al respecto. La cosa es así. Si es que estamos dispuestos a seguir con la venia de nuestras parejas, y con la conciencia tranquila. Tendremos que vivir con esa decisión y comprometernos a actuar exitosamente.

Yo decidí, ya hace mucho tiempo. De otra manera, no estuviéramos teniendo esta conversación. Lo mas probable, que ni tu ni yo, tendríamos esta oportunidad, sin el regalo de nuestras parejas. En honor a su gratitud, por lo menos debemos tomar en serio su oferta. Dirás, ¿cual oferta? En pocas palabras desean que encontremos algo de felicidad en la intimidad. Dime, si te interesa explorar esta vivencia. Sino, lo podemos dejar aquí, y olvidarnos de lo sucedido.

Yo no he tenido mucho tiempo, como tu de considerarlo, pero en el poco tiempo, he reconocido el esfuerzo que ellos hacen por nuestra felicidad. No se debe despreciar una ofrenda tan generosa. No solo la de ellos, sino la tuya hacia mi. Aprecio tu interés en intimidar conmigo, y quiero decirte que yo me comprometo a hacer lo posible para no defraudarte.

Pasaste mi primera prueba. Ahora lo que queda es la implementación, es decir como vamos a intimidar. ¿Tendrías algunas ideas o propuestas?

Yo, como, si todo esto es muy nuevo para mi. Me imagino, que tu, con el tiempo que me llevas, has tenido tiempo para crear escenas diversas.

Si, pero quiero tu contribución. Esto es un trabajo mutuo. Mejor dicho una obra en colaboración.

Si, colaboremos. Pero, por que no me cuentas como lo habías imaginado, y yo puedo agregar, o darte otra escena distinta, para tu consideración.

Sabia bien, que esto sucedería. Me harías decirte primero mi idea de la escena, antes de poder extraértela a ti. Es justo, pero súper incomodo.

Imagínate que estas presentando la escena a un colega y nada mas. Sepárate del tema, no eres tu la que actuara.

La implementación.

Fácil decirlo. Pero, bueno. La escena que tengo en mente, pinta lo siguiente. Una noche en un matrimonio, en un hotel en una ciudad lejana. Ella volvió a ver aun viejo amigo. Bailaron, rieron y bebieron por largas horas. Los dos estaban solos. El le dice al oído, me gustaría visitarte esta noche, si te parece deja la puerta entreabierta. Ella lo miro y respondió, podrás tratar y si logras entrar a la habitación. Solo lo podrás hacer bajo las siguientes condiciones. ¿Condiciones? Pregunto el. Si, solo si juegas mi juego. ¿Cuál es? Esta noche quiero ser la bella durmiente.

Quiero que el príncipe azul me encuentre dormida. Me observe, descubra y explore hasta finalmente bese mis labios para unir su gozo con el mío.

Bravo. Parece que has pensado en todo, y en todos. No creo que pueda haber mejor manera de actuar. Es genial tu idea. Te permite ser el objeto de su descubrimiento, dándole libertad de acción. Mientras tanto, tu inacción, tiene un matiz de pureza sobreentendida, pero eres tu la que goza de su descubrimiento. Esa anticipación antes del beso, incrementa la tensión sensual que los protagonistas sienten. Me imagino que la libertad de acción de el es lo emocionante. Una sorpresa para los dos. Para ella, el no saber que hará el. Para el, como proceder.

Esto lo tendré que pensar un poco. Tengo que aprovechar esta entrega de la mejor manera posible. Una cosa seria encontrarla dormida nada mas. Otra saber, que estará dormida, y que espera que actué, o no antes de despertarla. Es una manera de entregarle un salvoconducto. El que asuma que puede, o debe actuar, de antemano, agrega otro nivel de complejidad a la escena. Muy bien pensado. No creo que yo pueda escribir una mejor, y menos en poco tiempo que tengo. No solo eso, me gusta el desafío en que me pone.

No estaba segura si te gustaría. Es muy egoísta, por que implica tu actuación previa a el despertar de ella. Ella, obtiene placer en su descubrimiento. Ella aparenta dormir. Esta muy consciente de sus acciones y las goza intensamente, en silencio. El intuye eso, y la descubre como un explorador después de una larga búsqueda. Con paciencia, con gozo y con atención a los detalles. Se toma su tiempo, como temiendo que en algún momento se puede acabar. El sabe bien que no es el destino, sino la travesía lo mas importante.

Tenía un vago presentimiento que no debería besar sus labios. No sabía el por que. Cuando después de un gozo largo e intenso con ella, decidí hacerlo. Escuche en mi oído que me decía cariño ya me puedes dejar dormir.

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#34

En el interior de un edificio cuadrado monumental estaba caminando por una pasarela voladora seguida de escaleras que me llevaban en ascenso de piso a piso, estaba indudablemente subiendo. El inmenso patrio central mostraba la riqueza requerida para su construcción. Mi paso era lento, observaba desde donde estaba la tremenda altura de mi posición en la edificación. No recordaba cuantos pisos había subido. Mirando hacia abajo, con algo de vértigo, me parecía ver nubes entre donde estaba y el parque en el claustro del edificio.

Esta realización me incremento el vértigo, no sabia como había subido tan alto, sabia que había subido muchas escaleras, pero también había áreas planas en las pasarela voladoras donde hubo momentos de descanso, permitiéndome observar la extensión del magnifico edificio. Sentía que la visita era en una sola dirección. No estaba solo, pero no veía a nadie, sentía que la visita tenia un ritmo, el cual yo obedecía. Había mirado hacia arriba varias veces y parecía que no había techo. Por momentos parecía ver nubes correr entre las grandes paredes.

El interior era variado, áreas con pequeñas ventanas cerradas, otras con gigantescos gobelinos con sangrientas escenas de batallas de caballería e infantería. Aun otras, con grandes puertas de vidrio a través de las cuales se vislumbraba exquisito salones vestidos con finos muebles antiguos.

No sabia a que altura estaba, ni sabia cuanto mas tendría que subir para llegar a la cúspide o el por que de mi expedicion. Mi sensación de vértigo me prevenía de acercarme al borde de la pasarela voladora para ver cuanto tendría que bajar en mi regreso.

Esta nueva preocupación empezó a angustiarme, sabia que tendría que bajar todo lo subido. Mirando en la dirección de la pasarela voladora hacia donde iba, la misma dirección desde el inicio de mi travesía, note que no podía distinguir hasta donde llegaba. De pronto vislumbre que ya no continuaba, que solo la veranda tenia una bola indicando su final y que el piso de la pasarela se acababa.

Acercándome cautelosamente al borde, y mirando con una molestia extrema de vértigo hacia abajo, esperando ver alguna manera de continuar mi camino, no llegaba a ver ninguna salida. Intuia también que no podría volver por el camino que había tomado, tenia que buscar otra salida. Aferrándome con fuerza a la veranda con mi mano derecha llegue casi al borde de la pasarela con la intención de ver si realmente había llegado al final. Con temor y malestar pude notar que no era el fin, había una serie de maderas simulando un enchape sobre una pared.

Después de ponerme de rodillas y echarme boca abajo y acércame al borde, extendiendo mi cabeza pasado el fin de la pasarela, descubrí que era una escalera. Si era una escalera larga, pegada a un lado del edificio, pero no tenia el formato esperado. Los peldaños eran angostos y uno sobre otro, casi como una escalera de emergencia, sin ninguna manera de agarrarse en el descenso. Mas parecía unos bultos sobresalientes de la pared que se perdían en dirección hacia el piso.

Mi molestia y inquietud se intensificaron al ya no poder ver el parque al fondo del interior. No pude ni pensar porque mi destino me hubiera traído hasta aquí. Quería huir, no deseaba el camino porvenir. Consideraba mis opciones, seguir, quedar o tratar de volver. El volver, por algo, sentía una imposibilidad. No sabia por que, pero era casi una certeza.

Quedar, era algo que ya había considerado algunas veces en mi vida. Cuando había optado por quedar en el pasado, había llegado a decidir no esforzarme mas y hacer lo mejor con lo logrado. No quería decir exactamente que me estacaría, pero que el esfuerzo era solo para mantener la inercia y no caer. Ahora me encontraba en esa nueva encrucijada. Pensé como seria mi vida bajo esta opción. Podría ser un guía del camino que había conocido, podría también ser un ejemplo de cautela al no arriesgarme en el descenso peligroso. También para aquellos con mayor ambición, seria un ejemplo de un ser vencido por sus temores.

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Malas Lenguas

Malas Lenguas

Como ustedes sabrán, han pasado casi 40 años de que no se le ve al Manoli, me refiero a el narrador, compañero del colegio Santa Margarita. Esto no se debe a los tantos rumores que corren como liebres en celo o serrano del mar. Se han escuchado muchas de estas historietas que sin no ser del todo mentira, han creado una persona casi mitológica, que debo ahora tratar de descubrir.

Primero, eso de que estuvo unos añitos (13) residiendo en una institución para la recuperación de almas perdidas a la delincuencia, nada podría ser mas lejano de la verdad. Podrán averiguar con las autoridades policiales locales e internacionales, donde su inocencia la podrán comprobar. No se acuerdan que era Prefecto de disciplina?

Detras barras

Segundo, el rumor de que formo parte de una falange subversiva, en alguno de los conflictos por la lucha por los derechos de los avasallados. Que tontería, nunca formaría parte de ningún grupo que aceptaría a alguien como el. Recuerden también que el nunca tuvo alma (alma de verdad) de mártir, a el siempre le gusto mucho los trapos, las mujeres y el buen trago. Se lo imaginan en la Sierra Madre, Angola o hablando Farsi? No señores(as).

Tercero, se dijo alguna vez que el primo del primo de alguien que visitaba el Vaticano por razones eclesiásticas, había visto en un grupo del Opus Dei, a un curita, que si se le gritaba Arequipeño characato, volteaba, y se remangaba la sotana para cuadrar al agresor. Ese curita no fue el. Cuando empezó a cantar en el coro del Colegio San Vicente de Paul, de Chiclayo, tuvo una epifanía que lo mareo momentáneamente, y pensó en convertirse en un soldado de la iglesia. Lo podrían ver dando la sagrada comunión, creo que de solo pensarlo es un pecado.

Curita

Cuarto, dicen las malas lenguas, aquellas que han visto pasar los años y presenciar con pavor los abates de la edad, la descoloración de los cabellos, las arrugas, la flacidez de las carnes, los pelos en la nariz, orejas y otras partes de la anatomía que prefiero no mencionar, tanto así como la disminución del “deseo”, de las habilidades motoras, sensoriales e intelectuales, en pocas palabras, que estamos reducidos a ser unos ancianos de casi 60 años. Hay rumores de que a este individuo, la edad no le ha pasado por encima, que aunque todos envejecemos, el se encuentra radiante, con casi todos sus sentidos, y sin recurrir a ningún artificio quirúrgico, prostético, o mágico. Se dice que quizás copio al notable personaje Dorian Grey, y que por la vanidad, que sabemos lo caracteriza, hizo el pacto. Esto, no es así señores(as), y lo puedo comprobar.

Adjunta va un cromos que ha llegado a nuestras manos, tras una larga búsqueda, un sinnúmero de pagos de alto monto, para finalmente esclarecer, este misterio. Esta imagen contradice, las representaciones que este señor viene haciendo hace largos años. La imagen fue tomada en uno de esos balnearios exclusivos del país al sur de USA, por razones de seguridad personal, y para que no peligre su anonimidad, preferimos no divulgar el sitio exacto (Aca Pulpo). Finalmente uno de los cientos de paparazzi han capturado al susodicho en su estado natural. Todavía no podemos identificar a su acompañante.

Como verán, el recordado muchacho, si que ha cambiado, noten, que aunque esta bronceado, fenómeno que estira la piel temporalmente, ya se le puede constatar, las arrugas que nos afligen a todos por igual. También se puede notar el ensanchamiento de cráneo frontal, descubriendo una frente de mas de 20 dedos (cuatro son ideales). Algo que me sorprendió sobremanera, fue la envergadura a la que ha llegado ese cuerpito glorioso de atleta que todos recordamos.

Señores, dejo en sus cálidas manos esta información que no puedo encubrir mas. Las mentiras, engaños y decepciones que hemos soportado todos estos años, merecen la luz y claridad de la verdad. Yo por lo menos me siento mejor, de comparar mi vejez con este señor que quiso tan vilmente engañarnos. Esas imagines que el ha puesto en su Facebook, tienen que haber sido retocadas con el FotoChop. Ahora no se puede creer nada.

Ano-ni-mo

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Vida de perro

Durante mi ultima estadía en Lima y como de costumbre buscando algo nuevo por descubrir y entender, note algo que anteriormente había observado pero no había considerado con detenimiento.

En mis salidas a caminar por el malecón y los parques que rodean a Miraflores, había cruzado muchas veces a perros atados a sus correas de la mano de sus caminantes. Entiendo que estos animales requieren ser paseados, al menos una vez al día. Algunos vienen de la mano del amo, otros con la empleada y hasta algunos acompañados de personas dedicadas a caminar animales.

Perro

Algunas veces no puedo saber quien camina a quien. Sabemos que caminar es un buen ejercicio, sin ser el mejor. Al no haber tenido perros en mi vida, mi conocimiento sobre ellos se limita a poder nombrar las razas mas conocidas. Observo detenidamente a los animales a cada extremo de la correa, todos se comportan igual. Están domesticados, han recibido el mismo adoctrinamiento. Esto ayuda a la sociedad a mantener el orden con reglas.

Donde vivo en USA, cada vez que encuentro este mismo cuadro, mi experiencia es muy distinta. Los perros al notar un humano, lo miran con interés, casi siempre mueven la cola indicando alegría en espera de afecto. Están acostumbrados al cariño de los extraños. Los amos aceptan y se deleitan con la atención a sus animales, muchas veces hasta es razón para iniciar una conversación. Se dice que si un hombre solo quiere atraer al sexo opuesto, solo tiene que tener un cachorro con el en un sitio publico.

Paseando el perro.

Vuelta a Miraflores, estos animales se comportan distinto. No te miran, no se alegran al ver a otro animal, son snobs o altaneros, por que será? Una posibilidad, es que, dada la estratificación de la sociedad por razones raciales y socioeconómicas, estos animales han aprendido a solo relacionarse con otros a quienes conocen, por consiguiente no existen los desconocidos. Recuerdo el dicho que escuchamos todos en nuestra infancia, “no le hablen a los desconocidos”, parecen que todos estos animales aprendieron muy bien esa lección.

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