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	<title>XisTense &#187; viaje</title>
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	<description>Considering my existence</description>
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		<title>Destino, La Paz</title>
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		<pubDate>Sun, 23 Feb 2014 19:00:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Manuel Valencia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Voyages to Real Places]]></category>
		<category><![CDATA[Animation]]></category>
		<category><![CDATA[cuento]]></category>
		<category><![CDATA[discovery]]></category>
		<category><![CDATA[encounter]]></category>
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		<category><![CDATA[Travel]]></category>
		<category><![CDATA[viaje]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<div class="wp-caption alignleft" style="width: 650px"><img alt="Altiplano Boliviano" src="http://panamnotes.com/wp-content/uploads/2011/11/IMG_0329.jpg" title="Altiplano Boliviano" width="640" height="" /><p class="wp-caption-text">Altiplano Boliviano</p></div>
<p>Esperando el ómnibus en la estación de Puno miraba a tres jóvenes rubias tomando gaseosas, riendo y conversando en un idioma que me sonaba escandinavo. Un cuarentón solo, vestido con traje obscuro, camisa blanca, corbata, cargando un pequeño cartapacio, un burócrata. Esta seria la ultima parada del ómnibus antes de llegar a La Paz.</p>
<p>Las tres primeras horas transcurrieron sin novedad, acercándose la media noche, la obscuridad que nos rodeaba solo se cortaba con la luces altas del ómnibus y las tenues estrellas en el firmamento negro. A los bordes de las luces se podía ver pasar el icho y el polvo velozmente que las ruedas del ómnibus levantaba al rodar por la larga carretera no asfaltada. De vez en cuando las luces de otro vehículo rompían la monotonía del camino.</p>
<div class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><img alt="Carretera encalaminada" src="http://mvdesign.worlddata.com/blog/wp-content/uploads/2014/02/encalaminado.png" title="Carretera encalaminada" width="300" height="" /><p class="wp-caption-text">Carretera encalaminada</p></div>
<p>Con el cansancio de un largo día en Puno, el zumbido del motor diesel y el rítmico golpetear del encalaminado, me vencía el sueño. Me despedí del chileno y me acomode lo mejor posible para dormir. Mientras pensaba en como me iría en esa ciudad quede profundamente dormido. </p>
<p>Sentí un apretón en el hombro. Mientras despertaba, note que la cabina estaba totalmente obscura, todavía era de noche. El chileno susurrando dijo, “creo que hay problemas”, esto me completo de despertar, le pregunte que cual era el problema, me respondió que el ómnibus había parado en medio de la puna, que el chofer no estaba en su puesto y que el resto de los pasajeros aun dormían.</p>
<p>El burócrata que estaba sentado detrás del chofer, tampoco estaba en su asiento. Escuche voces venir de la parte de atrás del ómnibus. Trate de incorporarme para tener una mejor vista de lo que sucedía, cuando sentí otro tirón en el antebrazo, el chileno no me dejaba mover. El ómnibus parecía un sepulcro, ni un sonido o movimiento.</p>
<p><iframe width="620" height="380" src="http://mvdesign.worlddata.com/Sospecha.html" frameborder="0" allowfullscreen></iframe>&nbsp;</p>
<p>Dos voces y el sonido de pasos avanzaban de la cola al frente del ómnibus por el lado opuesto a nuestro asientos, el dialogo incomprensible. Las siluetas brevemente cortaron los destellos de las luces del ómnibus. La puerta delantera del ómnibus se abrió. Dos hombres entraron al frente del ómnibus en silencio, uno se sentó en el asiento del chofer, el otro quedo parado mirando hacia los pasajeros, hasta que el ómnibus reinicio el viaje. El hombre parado, se sentó detrás del chofer. En la obscuridad, no pude identificar al chofer ni al burócrata. Nuevamente el ritmo del ómnibus me arrullo y quede profundamente dormido.</p>
<div class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><img alt="Terminal de Autobuses de La Paz" src="http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/d/d9/Terminal_de_Autobuses_(4).JPG" title="Terminal de Autobuses de La Paz" width="300" height="" /><p class="wp-caption-text">Terminal de Autobuses de La Paz</p></div>
<p>Un sacudón y el crujir de la carrocería del ómnibus sirvieron para despertarme. Ya era de día y estábamos dentro de la ciudad, vehículos de todos tipos, colores y tamaños rodeaban al ómnibus como peces en migración. El día era brillante, el aire enrarecido por la altura y el ruido infernal de bocinas, ruedas metálicas de carretillas sobre las calles adoquinadas, silbatos de los policías de transito, junto con la música de locales, cada una mas alta, me ayudo a despertar.</p>
<p>Note también la ausencia del burócrata. Los demás pasajeros aparentemente ignorantes del percance durante la travesía recogían sus pertenencias con apremio, deseosos de llegar a su destino final y olvidar el largo viaje. Las rubias, alegres y curiosas manoseaban todo tipo de chucherías mostradas por vendedores.</p>
<p>Sentí un tirón en la manga izquierda, era uno de los tres niños que habían viajado conmigo acompañados de una monja de habito negro que me dijo, que el señor de la primera fila, le pidió que me entregara la nota que me había dejado. Le agradecí, y la leí, </p>
<blockquote><p>Querido visitante,<br />
Espero goce de una muy buena estadía en nuestra ciudad. Si necesitara asistencia alguna, pregunte por Álvarez en el numero 634 Calle Junín.<br />
Su digno servidor,<br />
Gonzalo M.</p></blockquote>
<p>Tomé mi valija, mi bolsa y emprendí camino hacia el centro de la ciudad, al caminar, admiraba la arquitectura y la interacción de los pobladores con su ciudad.</p>
<p>Tenía que asegurarme sobre el contenido de mi valija. Busque donde revisar con detenimiento mis pertenencias y poder apaciguar mi justificada paranoia. Vi una iglesia en la esquina, siendo un santuario estaría seguro ahí. Una misa con pocos feligreses llenaba una pequeña capilla. La iglesia era grande y ofrecía muchos sitios vacíos donde podría sentarme a revisar mis cosas. Escogí una banca en un rincón menos iluminado y alejada de las puertas donde me senté y revise mi bolsa y valija con detenimiento. No encontré nada extraño.</p>
<div class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><img alt="Calle Jaen" src="http://csanchezreyes.files.wordpress.com/2010/06/img_7227.jpg" title="Calle Jaen" width="300" height="" /><p class="wp-caption-text">Calle Jaen</p></div>
<p>Me aseguré de salir de la iglesia por otra puerta antes de mirar a ambos lados y después de pedir varias indicaciones, llegue al edificio donde me recibirían y albergarían durante mi estadía. Ingrese al vestíbulo, el portero se acerco y pregunto a quien visitaba. Le dije que visitaba a la familia Rodríguez, su cara cambio, me dijo que la familia había salido súbitamente de la ciudad pero que el Sr. Rodríguez había dejado una nota para mi. El portero fue detrás de su escritorio y me entrego, ella decía así:</p>
<blockquote><p>Querido Vicente,<br />
Disculpa mucho este inconveniente, hemos tenido que viajar repentinamente al interior. Esperamos volver pasado mañana. Te recibiremos el jueves a partir de las 6:00 p.m.<br />
El portero te indicara donde puedes alojarte hasta el jueves.<br />
Hasta pronto,<br />
Rodríguez</p></blockquote>
<p>Esa noticia me causo un malestar que me ocasiono un pequeño mareo. Salí del edificio pensando que tenia el resto del día para encontrar albergue. El portero me dijo que dos cuadras abajo y a la izquierda había un hotel donde pudiera quedarme. Camine por las calles centrales indagando los costos de varios hospedajes.</p>
<p>A las dos y media de la tarde almorzaba en un restaurante. Releí la nota del burócrata con detenimiento decidí acercarme. Camine a la dirección escrita pasando por la Plaza Murillo.<br />
Llegue a la esquina donde la calle Junín intersecta la plaza, voltee y a pocos pasos encontré el numero 634, note una bandera nacional izada sobre un portón resguardado por un agente del orden armado con una arma automática. Busque en las paredes a los lados del portón sin encontrar ningún rotulo o emblema que indicara su denominación. </p>
<p>Acercándome al agente armado le pregunte, me miro con sorpresa, y sonriente me pregunto que a quien buscaba, sin contestar mi pregunta. Álvarez, dije, al señor Álvarez. Un momento me dijo, al estar casi apoyado contra el portón, lo golpeo sin inmutarse con los nudillos de su mano izquierda, manteniendo su otra mano sobre el arma y sus ojos fijamente puestos en mi.<br />
Una pequeña ventanilla se abrió, Álvarez, dijo el agente y se cerro la ventanilla. Unos momentos después, el portón izquierdo empezó a crujir y se abrió solo suficientemente para permitir que mi cuerpo pasara. Pase, escuche desde adentro. el ante patio techado tenia piso de adoquines, y estaba casi totalmente obscuro. </p>
<p>Las paredes a mi izquierda y derecha eran idénticas, con una puerta de dos hojas y dos ventanas de dos hojas también a cada lado de las puertas. Sabia que estaba acompañado por el portero, pero mientras mis ojos se ajustaban a la obscuridad, la puerta a mi derecha se abrió dejando escapar una luz blanca y fría.</p>
<p>En el marco de la puerta pude distinguir la silueta de un individuo que con un gesto de una mano, indico al portero que me llevara hacia el. Sentí una mano en la espalda guiándome hacia la puerta abierta, el hombre ya no estaba en el umbral. Después de dos escalones ingrese a una ante sala con dos escritorios a mi derecha e izquierda y nuevamente otra puerta de dos hojas frente a mi. La ante sala estaba iluminada por un par de luces fluorescentes colgando casi a mitad de la distancia del piso al techo, las luces solo iluminaban el tercio mas bajo de la sala, sobre la línea de la luz era difícil saber que pudiera haber. Las altas paredes cubiertas con una pintura verduzca, lavable y algo brillante estaban vacías.</p>
<p>Los antiguos y abusados escritorios tenían cada uno una silla para un visitante. El individuo gesticulo con la cabeza al portero, haciéndolo retirarse, cerrando las puertas tras mi espalda. Durante estos momentos, mi anfitrión y yo nos examinábamos con la mayor discreción. Los dos estábamos parados a cada lado de un escritorio.</p>
<p>Era alto, robusto, de unos cuarenta años, vestido con un traje no ordinario, de tez blanca, el pelo y ojos obscuros, casi negros. ¿A quien busca? pregunto bruscamente después de un largo tiempo en el cual hice un esfuerzo muy grande de no ser el primero en intercambiar palabras. Le dije que buscaba al Sr. Álvarez. Me miro con mayor detenimiento, pregunto, cual es su propósito. Le explique que tenia una nota que había recibido en mi travesía desde el lago Titicaca con ese nombre y dirección.</p>
<p>Saque la nota y se la entregue, la leyó y la guardo en el bolsillo izquierdo de su saco Me dijo que sabia de mi posible llegada y que me podría brindar un modesto hospedaje, que recogiera mis pertenencias y lo siguiera pasando por las puertas al final de esa sala.</p>
<p>Al cruzar el umbral entramos a un patio interior de piedra rodeado con arcadas y tres puertas cerradas de dos hojas en cada lado. El sol ya se había puesto y poca luz natural alumbraba la ciudad. Caminamos bajo la arcada derecha hacia la puerta del medio, al abrir la puerta pude ver tras la ancha espalda de mi acompañante un angosto y largo corredor con varias puertas a los costados. Se detuvo frente a la tercera puerta a la izquierda, lentamente abriéndola como si estuviera cuidando el sueño a alguien.</p>
<p>Al entrar note un cuarto cuadrado sin ventanas, dos camas simples y dos bancas de madera, cada una al pie de las camas. El mismo alumbrado, pintura y ausencia de decoración se repetían en este cuarto. Estirando el brazo izquierdo y con la mano abierta, en un gesto que interprete amistoso y de generosidad, mi guía comunico sin palabras que me ofrecía ese modesto alojamiento. Escuchamos el crujir de una puerta cercana y el golpe seco y fuerte de la misma al cerrar. Mi guía me dijo que espere, y que volvería pronto, salió y cerro la puerta tras el. Decidí acomodar mis cosas para pasar la noche ahí. La puerta del dormitorio se abrió de nuevo y mi guía indico con la mano derecha que lo acompañe. Salimos hacia la izquierda en camino al final del corredor. </p>
<div class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><img alt="El 11" src="http://mvdesign.worlddata.com/blog/wp-content/uploads/2014/02/morocco_square_17_by_tolkcab-d5vwraa.jpg" title="El 11" width="300" height="" /><p class="wp-caption-text">El 11</p></div>
<p>Al llegar, descubrí un nuevo patio con dos filas de grifos de agua incrustados en una sola estructura de lavaderos. Esto me recordó aquellos patios de lavandería de humildes casonas donde varias familias hacían su hogar en mi tierra, a una abadía. Ya había caído la noche.</p>
<p>Mi guía me dijo que podía pasar la noche ahí, con la condición de que restringiera al uso solo de las áreas que me había mostrado y que podía salir y entrar al edificio a mi gusto, excepto que tendría que llegar no mas tarde de la una de la madrugada, ya que pasada esa hora no tendría acceso. Caminamos hacia mi dormitorio donde se despidió deseándome una buena noche.</p>
<p>Ingrese nuevamente al dormitorio, acomode el resto de mis cosas para pasar la noche y pensé en que podría hacer hasta la una de la mañana. Decidí visitar al menos unos de los restaurantes recomendados, ya que se encontraban a corta distancia, dos de ellos los había pasado a mi llegada a la plaza Murillo. Fui al patio de los grifos, me lave la cara, las manos y regrese al dormitorio a recoger mi saco para salir a descubrir la vida nocturna de la capital mas alta del mundo.</p>
<div class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><img alt="La catedral en la Plaza Murillo" src="https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/b/b8/Palacio_Quemado_y_Plaza_Murillo_%282%29.JPG" title="La catedral en la Plaza Murillo" width="300" height="" /><p class="wp-caption-text">La catedral en la Plaza Murillo</p></div>
<p>Recordando los pasos a mi ingreso del edificio, regrese al portón de entrada. El portero, abrió nuevamente la puerta suficientemente para que mi cuerpo pasara y la cerro rápidamente. El agente del orden armado en el exterior me hizo una venia, como de aprobación. Procedí a caminar hacia la entrada de la plaza por donde había llegado, y por donde estaba seguro encontraría los restaurantes ya vistos.</p>
<p>Mire el menú del primero. Decidí investigar el otro restaurante que había pasado. Al acercarme, note que parecía mas popular, tenia mesas en el exterior con manteles, posiblemente destinadas para cenar, y al otro lado sin manteles, para beber o comer algo ligero. </p>
<p>Gesticule a un mozo para obtener una mesa, me señalo una pequeña cerca de la entrada del restaurante. Me acerque y senté mirando hacia la calle. El menú estaba ya en la mesa. El mozo me pregunto si deseaba algo de beber. Le pregunte si pudiera sugerir alguna bebida alcohólica popular consumida por los locales antes de la cena. Respondió que habían dos muy populares, una era el Singani solo, y el otro era Singani con licor de cerezas. Ordene el Singani con licor de cerezas.</p>
<p>Mientras examinaba nuevamente el menú, también observe a una pareja de señores, bien vestidos, cenando en una mesa aledaña, ambos fumaban y leían revistas. Los cigarrillos de cada uno en ceniceros separados, y dos copas de algún aperitivo frente a cada uno de ellos.<br />
No había intercambiado palabras desde mi llegada. Al llegar sus platos, pusieron sus revistas en el piso al lado de sus sillas, apagaron los cigarrillos y empezaron a comer sin comentario alguno. Ella levanto la cabeza y me miro, aproveche la cercanía de nuestras mesas para desearles buen provecho. Ella respondió diciendo gracias. El la miro como con desapruebo, y entablaron una susurrada conversación, la cual no pude escuchar.</p>
<p>Al terminar su cena, el me pregunto mi procedencia. Ellos eran locales en una de sus salidas semanales a cenar. El era jubilado del servicio diplomático y habían vivido unos años en la capital de mi país.</p>
<p>El resto de nuestra cena la pasamos intercambiando historias de lugares visitados, tan amena fue la noche que el tiempo voló y no tuve oportunidad de examinar al resto de los comensales que nos rodeaban. </p>
<div class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><img alt="" src="https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/7/71/ColegiataSantillana-4.jpg/440px-ColegiataSantillana-4.jpg" width="300"  /><p class="wp-caption-text">Claustro</p></div>
<p>El país estaba sufriendo de nuevo una resurgente pugna por el poder. Grupos armados e intentos en desestabilizar al gobierno, habían hecho incursiones cuasi militares en varias ciudades importantes, y anunciaban también desafiar al sistema establecido aquí en la capital. La ciudad vivía una paz nerviosa que se notaba en las calles y más aun, en las caras de sus habitantes.</p>
<p>En un momento de silencio con mis conocidos, pude ver a tres personas caminado en la acera del otro lado de la calle. Eran dos hombres y una mujer. Los tres desaparecieron en la obscuridad al doblar la esquina.</p>
<p>La pareja se dirigió a mi indicando su partida, y también su deseo de que mi estadía en su ciudad fuera de mi entero agrado. Respondí deseándoles una muy buenas noches y agradeciéndoles sus gentiles deseos. Recibí, y pague la cuenta mirando mi reloj, vi que eran las diez y cuarto, estaba un poco cansado, pero me dije que al menos caminaría un poco antes de volver al 634 calle Junín.</p>
<p>Se me ocurrió buscar alguno de los sitios de entretenimiento nocturno que tenia en mi lista. Camine por las calles aledañas, descubrí un local de donde salía luz, voces y se podía escuchar el sonido conocido de vasos alegres. Al llegar a la puerta escuche las cuerdas de una guitarra.</p>
<p>Entrando al local note que tenia a un lado un bar lleno de clientes y un numero de mesas pobladas de gente joven de toda procedencia. Al fondo derecho había una tarima pequeña, un micrófono y un banco donde estaba sentado el guitarrista. Logre acercarme y conseguí un sitio en la barra. Pedí una cerveza y mientras trataba con el tabernero, escuche un trio de voces femeninas venir del fondo del recinto.</p>
<p>Al voltear, me sorprendí al ver a las rubias cantando una de las canciones de Abba mas populares. Cantaban en castellano con acento extranjero. Al terminar la canción y después de recibir un fuerte aplauso y agradecer al publico con varias venias, se sentaron en una mesa al pie del escenario. En la mesa habían sentados tres personas cuyas facciones no podía distinguir ya que me daban la espalda. Reían con placer.</p>
<p>El guitarrista toco el solo de una canción andina muy conocida y obtuvo también un gran aplauso. Las luces fueron bajadas y una mujer vestida de largo con guantes hasta los codos se adueño del micrófono, el guitarrista empezó a tocar “A mi manera” de Sinatra, y la mujer la canto en castellano. Antes de que acabara de cantar y con las luces bajas, las rubias y sus tres acompañantes se incorporaron y salieron por la puerta lateral del local. Al dar vuelta y acercarse hacia la puerta vi que los acompañantes eran dos hombres y una mujer. La poca luz me impidió distinguir sus caras, pero sus formas y tamaño me dieron la impresión que pudieran ser las tres personas que había visto en la calle frente al restaurante donde cene esa noche.</p>
<p>Mire mi reloj y eran las doce y diez, ya cansando decidí volver al 634 calle Junín. Salí del local y me fije en su ubicación para regresar. Llegando a la plaza Murillo, sentí mucho frío, estando en la plaza desolada, me acerque al guardia, no era el mismo de la tarde. Le di el nombre, saco un papel de su bolsillo, lo reviso e igualmente que el guardia anterior golpeo la puerta con la mano izquierda. La puerta se entreabrió y el portero me hizo pasar. Camine a través de la antesala y por el angosto corredor hasta llegar a mi dormitorio.</p>
<div class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><img alt="Corredor" src="http://mvdesign.worlddata.com/blog/wp-content/uploads/2014/02/corridor.jpg" title="Corredor" width="300" height="" /><p class="wp-caption-text">Corredor</p></div>
<p>Al entrar, vi que en la cama izquierda había una persona postrada, apague inmediatamente la luz para impedir que se despertara. No se movió. En silencio me acosté y quede profundamente dormido. Un gemido me despertó, no sabia de donde había venido, si de mi compañero de cuarto o de otro lado. Quise quedarme despierto por la eventualidad de que se repitiera, nuevamente escuche otro mas fuerte, esta vez estaba seguro que no venia de mi acompañante. Al levantar mi cabeza para usar mis oídos y fijar la procedencia de los gemidos, moví las cobijas haciendo ruido.</p>
<p>Una voz grave procediendo de la otra cama me dijo que mejor no prestara atención a los ruidos y que tampoco comentara esto con nadie. Mi acompañante no movió ni un pelo, fue como si fuera un costal de papas con una grabadora entregándome ese mensaje. Con el cuidado mas grande me volví a recostar evitando el mínimo ruido. Me quede pensando en la razón de los gemidos hasta que otra vez me quede dormido.</p>
<p>Al despertar en la mañana, mire el reloj, eran las ocho cuarenta y nueve, me percate que el saco de papas no estaba en la otra cama, y que no había señas de que nadie hubiera estado en el dormitorio conmigo la noche anterior. Recordé que a mi llegada al cuarto y ver esa persona postrada, apague la luz, y no pude ver si había algo mas, una valija, ni siquiera unos zapatos al pie de la cama. Era extraño, y ahora tendría que considerar si iba a seguir sus advertencias, o indagaría no solo sobre su presencia sino también sobre los gemidos.</p>
<p>Era domingo, día de recogimiento y descanso. Salí al patio de los grifos, me di un baño y al regresar a mi habitación, me vestí con mi mejor ropa dominical. Salí de la misma manera del edificio, eran alrededor de las once, de una mañana brillante. Visite calles desconocidas, parques y plazas, la ciudad era gentil y tranquila. Me acerque a una agencia de viajes para indagar sobre mis opciones de partir a casa. Me entere que los boletos del ómnibus, solo se podían obtener momentos antes de abordar y no anteriormente. </p>
<div class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><img alt="Restaurante" src="https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/7/7b/Restaurant_Fortepan_1242.jpg/640px-Restaurant_Fortepan_1242.jpg" title="Restaurante" width="300" height="" /><p class="wp-caption-text">Restaurante</p></div>
<p>Pase la tarde observando los quehaceres de la población. Al atardecer decidí retornar al restaurante donde había cenado la noche anterior. Las calles del centro antiguo de la ciudad eran angostas de piedra, trazadas a fin del siglo XV por los conquistadores. Los edificios, mayormente de tres pisos construidos al estilo palacio urbano, algunos imponentes, otros algo descuidados. </p>
<p>Al ser domingo, era entendible que las calles estuvieran menos pobladas. Los negocios a puerta cerrada. Los sonidos y olores limitados a lo mínimo abierto. A mi llegada al restaurante, no siendo hora de cena lo encontré casi vacío, además de una pareja de turistas, todas las mesas estaban vacías. Mi cena fue buena. Regrese al 634 calle Junín e ingrese exactamente de la misma manera que la noche previa. Procedí a acostarme y dormí casi inmediatamente. No se si soñaba, sentí mi cama temblar, las puertas crujían, era un temblor, fenómeno común en nuestro continente volcánico. </p>
<p>Volví a dormir o a seguir soñando. Escuche unos gritos, fueron inentendibles y lejanos. Mire el reloj, las dos y dieciocho de la madrugada, me incorpore para mejor escucharlos pero solo pude notar que se acercaban. </p>
<p>Me levante, me vestí rápidamente y fui a la puerta del dormitorio, poniendo una oreja contra ella para tratar de identificar la procedencia de los sonidos. Venían del interior, hacia la izquierda de la puerta, pasando el patio de los grifos. Abrí la puerta unos centímetros. Mire a la derecha del corredor, las tres lámparas estaban prendidas, escasamente iluminando secciones parciales del corredor, quedando otras en total obscuridad. No había ninguna actividad en el corredor y al umbral del patio de grifos, era una boca de lobo.</p>
<p>Salí en esa dirección, sigilosamente esquivando las secciones iluminadas del corredor. Al llegar al patio de los grifos escuche puertas abrir y cerrar, y el arrastrar de sillas.<br />
Cruce el patio por la arcada izquierda sabiendo que bajo su casi total obscuridad no seria descubierto. Al acercarme a la puerta que estando entre abierta, bañaba el corredor de luz desde su interior, vi una sombra de un perfil humano romper la iluminación. Tuve que rápidamente pensar como explicarme.</p>
<p>La sombra crecía, y finalmente vi el cuerpo de un hombre que cruzaba el umbral penetrando el corredor. Puse mi espalda contra la pared en una de las partes obscuras del corredor esperanzado pasar desapercibido. El hombre volteo a su derecha y camino hacia el final del corredor. Sentí un alivio muy grande mientras miraba al hombre alejarse. Todavía inmóvil contra la pared, note que el hombre paro, y dándose la vuelta empezó a regresar, como si se hubiera olvidado algo. Opte por salir de la penumbra y hacer mi presencia visible. Había decidido que diría que había escuchado ruidos y que mi curiosidad me había llevado a indagar, cosa que era verdad.</p>
<p>El hombre me vio, y rápidamente vino hacia mi, avance rápidamente hasta la puerta y mire en el interior, en el instante que tuve antes de su llegada pude observar que había un hombre cabizbajo, sentado y atado en una silla, dos hombres frente a el, y tres sillas ocupadas por tres personas encapuchas. Me grito, “quien es usted, que hace aquí”. Los dos hombres en el interior voltearon rápidamente, y el prisionero levanto la cabeza.</p>
<p>Antes de contestar, los hombres voltearon abruptamente y la luz ilumino sus caras, sus cuerpos bloquearon al prisionero. Uno era el burócrata, el otro había sido el que me había recibido, quizá Álvarez.</p>
<p>No pude reaccionar ni responderle. El burócrata inmediatamente se acerco a la puerta bloqueando mi visión del interior, cerrando la puerta a sus espaldas. Quedamos parados los tres en el corredor. El burócrata dijo, el señor es nuestro invitado, y tomándome del brazo, me dirigió al patio de los grifos. Sin cruzar palabra alguna llegamos al patio y sin dejar mi brazo, dándose vuelta y parándose frente a mi, con su otra mano tomo mi otro brazo, me miro con una mirada paternal y me dijo.</p>
<p>Este local es uno de tantos destinados a la policía secreta de nuestro país, yo soy un funcionario publico dedicado a la lucha anti terrorista. Nuestro país esta pasando por una época difícil. Su voz era suave, educada y gentil, complementaba bien su mirada, casi como la de un sacerdote.</p>
<p>Continuó, diciendo que era mejor que olvidara lo de este episodio, que no seria aconsejable compartirlo y concluyó: “es mejor que regrese a casa lo antes posible porque los días siguientes serán difíciles”. Soltó mis brazos y con un pequeño empujón me dirigió hacia mi habitación.</p>
<p>Camine a mi habitación, me metí a la cama y exhausto quede dormido. Soñé que estaba echado en un riachuelo, el agua fría golpeaba mis cabeza y hombros, las piedra donde descansaba eran lisas y frías, la luz intensa del sol de mediodía bañaba el ambiente. A través de mis parpados veía la luz con tinte rojizo. Estaba en estado de calma, casi no sentía mi cuerpo, como en un trance. Momentos después empecé a sentir dolores musculares sordos que permeaban todo mi cuerpo y que se agudizaban. No quería moverme, la intensidad del dolor me inmovilizo.</p>
<div class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><img alt="" src="https://forbestrailtu.org/wp-content/uploads/2018/09/MC-Main_opt.jpg" title="Riachuelo" width="300"  /><p class="wp-caption-text">Riachuelo</p></div>
<p>Trate de abrir los ojos, algo lo impedía, era como si estuvieran cocidos o pegados. Empecé a sentir un frío que incrementaba y que termino haciendo temblar bruscamente mi cuerpo hasta que el dolor muscular causo que perdiera el conocimiento. El sueño continuo con la escena de la explicación del burócrata, esta vez, yo era un espectador. No podía escuchar lo que me decía, hasta que por fin escuche, “trata de descansar porque los días siguientes serán difíciles”. Estas palabras me aterraron.</p>
<p>En ese instante descubrí que todo esto era solo un subterfugio de un prisionero desesperado por escapar a su torturador. Era yo el chileno.</p>
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		<title>Viaje a una tierra ya no tan conocida</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Dec 2011 18:32:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Manuel Valencia</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Crónica de un viaje al Perú, en la cual dados los años de ausencia, crean en la mente del escribidor un mundo que pareciendo conocido, termina siendo muy desconocido y posiblemente humorístico. Sábado 17 de Junio 2005, 9:33 a.m. La aventura empezó mal, el muy tempranamente contratado transporte al aeropuerto falló. A ultimo momento conseguimos &#8230; <a class="read-excerpt" href="http://mvdesign.worlddata.com/blog/?p=107">Continue reading <span class="meta-nav">&#187;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3>Crónica de un viaje al Perú, en la cual dados los años de ausencia, crean en la mente del escribidor un mundo que pareciendo conocido, termina siendo muy desconocido y posiblemente humorístico.</h3>
<div id="attachment_117" class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><a href="http://mvdesign.worlddata.com/blog/wp-content/uploads/2011/12/foto12851.jpg"><img class="size-medium wp-image-117" title="foto12851" src="http://mvdesign.worlddata.com/blog/wp-content/uploads/2011/12/foto12851-300x224.jpg" alt="Lima antigua" width="300" height="224" /></a><p class="wp-caption-text">Lima antigua</p></div>
<h3>Sábado 17 de Junio 2005, 9:33 a.m.</h3>
<p>La aventura empezó mal, el muy tempranamente contratado transporte al aeropuerto falló. A ultimo momento conseguimos un taxi. Mi vida peligraba, después de recibir los usuales azotes por mi irresponsabilidad, enrumbamos al aeropuerto. Que alivio.</p>
<h3>1:15 p.m.</h3>
<p>Salimos a Miami, durante el vuelo nos anuncian que una fuerte tormenta dificulta el aterrizaje y que sobre volaremos hasta conseguirlo. Horas después tuvimos que volar a Orlando para recargar combustible. Salimos nuevamente hacia Miami, llegando solo para esperar dos horas mas en la pista de aterrizaje para desembarcar.</p>
<h3>8:47 p.m.</h3>
<p>Un vuelo de dos horas se convirtió en uno de siete horas. No un buen augurio para el resto del viaje. Conseguimos conectar con el vuelo a Lima, gracias a que no entraban ni salían aviones del aeropuerto.</p>
<h3>Domingo 18, 1:28 a.m.</h3>
<div class="wp-caption alignleft" style="width: 410px"><img alt="Miraflores y el Pacifico" src="http://cdne.diariocorreo.pe/thumbs/uploads/articles/images/malecon-de-miraflores-la-cuart-jpg_604x0.jpg" title="Miraflores y el Pacifico" width="400" /><p class="wp-caption-text">Miraflores y el Pacifico</p></div>
<p>Llegamos a Lima a la una de la mañana en vez de a las diez de la noche, y como premiados por nuestra paciencia y buen comportamiento, la aerolínea que no mencionaré, solo decir que tiene el nombre del continente en el cual vivimos, opto por no transportar nuestras maletas. Al descubrir su ausencia, hicimos la requerida fila para llenar los documentos necesarios para poder recobrarlas. Presentando el pasaporte del extranjero escritor, con el propósito de fueran entregadas a domicilio, adjuntando también las llaves, por si acaso, al pasarlas por aduanas, hubiera que abrirlas.</p>
<blockquote>
<h4>Nota</h4>
<p><em>Los viajeros naturales del país en mención, tendrián que recoger sus maletas en el aeropuerto. Buen viaje.</em></p></blockquote>
<h3>2:03 a.m.</h3>
<p>Llegamos al departamento que alquilamos, cómodo y bien situado, respiramos más tranquilos. Nos acostamos.</p>
<div id="attachment_125" class="wp-caption alignleft" style="width: 89px"><a href="http://mvdesign.worlddata.com/blog/wp-content/uploads/2011/12/passport.jpg"><img class="size-medium wp-image-125 " title="passport" src="http://mvdesign.worlddata.com/blog/wp-content/uploads/2011/12/passport-219x300.jpg" alt="Passport" width="79" height="108" /></a><p class="wp-caption-text">El documento de identidad</p></div>
<h3>4:53 a.m.</h3>
<p>Dormía, cuando mi querida esposa me despierta, yo soñando que fuera un llamado pasional, y sin notar el tono temeroso, me informa que habíamos o mejor dicho que ella había olvidado mi pasaporte al salir del aeropuerto. Recordarán que entregamos mi pasaporte para sacar una copia para la entrega del equipaje. Pues nos salimos del aeropuerto sin él. Casi se me afloja el estómago, me levanté, después de la usual larga aplicación de culpabilidad, decidí llamar a la aerolínea sin conseguir por supuesto respuesta.</p>
<h3>5:25 a.m.</h3>
<p>Me vestí, salí y pare un taxi para ir al aeropuerto, a ver si podía recobrar el preciado documento de identidad. Durante la travesía, como es de costumbre, mi imaginación me ofreció varios escenarios, el mejor o peor dependiendo como se mire, era que mi pasaporte había sido vendido por algún representante criminal de esa aerolínea, y ya, a esa temprana hora de la madrugada la foto de un miembro de Al-Queda reemplazaba la mía, y el documento junto con el terrorista se encontraban cómodamente sentados en el asiento 13A del vuelo AA918 de las 7:00 a.m. camino a los EEUU.</p>
<h3>5:57 a.m.</h3>
<p>Llego al aeropuerto, intento entrar el edificio, me piden mi pasaporte, explico, enseño otro documento, ingreso, me presento al mostrador de la aerolínea y como de costumbre Einstein, <em>No se señor, déjeme ver</em>. El individuo se aleja, habla con otro, por mi izquierda se acerca otro empleado, me dice que me reconoce por mi foto en el pasaporte. Yo pensando, éstos deben haberse muerto de risa viendo el pasaporte del Gringo idiota que lo dejó.</p>
<h3>6:08 a.m.</h3>
<p>El gentil oficial me lleva a la oficina y me entrega el pasaporte. Ahora, las maletas, el siguiente vuelo había llegado, pedí que me hicieran pasar a la zona restringida para ver si habían llegado. Lo conseguí, creo gracias a la pena que les di por mi condición de retardado mental. Estaban ahí, las subí sobre un carrito y me di cuenta que me faltaban las llaves del equipaje. Aquellas estaban con los documentos dejados más temprano. Con esta preocupación enfrente a la oficial de aduanas, quise obtener una excepción contándole mi dolorosa historia, y evitar someterme al azar de la luz roja o verde sin conseguirlo. Apreté el botón, salió verde, que descanso. Fui y retiré las llaves.</p>
<h3>6:22 a.m.</h3>
<p>Con el pasaporte, equipaje y llaves, salí del edificio y fui acosado por los usuales taxistas, escogí uno, este me pasó a otro, y éste a otro, terminé con uno que tenía cara de hampón. Me subí atrás, empezamos a caminar, le hice parar, y me subí adelante. Mi paranoia o instinto de supervivencia me hizo recordar que era mas fácil contrarrestar un asalto estando al lado del chofer y no atrás.</p>
<h3>10:10 a.m.</h3>
<p>Cecilia llamó a Rosa Amelia (mi suegra) para coordinar la primera reunión familiar, iríamos a recogerla para ir a almorzar al José Antonio, restaurante criollo de gran reputación y especial longevidad, donde la costumbre es que los restaurantes entren y salgan de moda como los bailes populares, ejemplo la macarena y el venado.</p>
<h3>10:30 a.m.</h3>
<p>Volvimos a dormir, sin preocupaciones.</p>
<h3>1:27 p.m.</h3>
<div class="wp-caption alignleft" style="width: 366px"><img title="Restaurante Jose Antonio" src="http://farm6.staticflickr.com/5307/5690740134_2315afd630_z.jpg" alt="" width="356" height="237" /><p class="wp-caption-text">Restaurante Jose Antonio</p></div>
<p>Recogimos a mi suegra y a Dani (cuñado). Después de los usuales abrazos y comentarios sobre nuestra primera parte del viaje, enrumbamos al restaurante. Consumidos los primeros pisco sours, y con la mente ya en neutro, pedimos la comida, que estuvo al agrado de los todos, excepto mi hija, pero eso es cuento aparte. Hubo anticuchos, chicharrón, y otros platillos, alguien pidió un tacu-tacu con salsa de camarones, yo siendo purista en la comida, me pareció extraño mezclar frijoles con arroz y agregarle una salsa de camarones. Todavía no lo entiendo.</p>
<h3>3:24 p.m.</h3>
<p>Con idea de bajar el chancho, propuse caminar en el centro comercial Jockey Plaza, aceptación general.</p>
<h3>3:60 p.m.</h3>
<p>Visitamos la tienda Saga-Falabella, mientras mi hija pedía todo lo que veía, esta vez tuve un movimiento peristáltico.</p>
<h3>4:11 p.m.</h3>
<p>El primer indicio fue un corto pero agudo dolor en la parte izquierda alta del saco estomacal, seguido por un movimiento similar a una burbuja en una manguera, y pasó.</p>
<h3>4:17 p.m.</h3>
<p>Gran punzada en la parte baja e interna del estomago, seguido por un intenso deseo de ubicar el baño mas cercano, por si las moscas. Me imagino que no es necesario explicar los eventos a seguir.</p>
<h3>4:33 p.m.</h3>
<p>Recuperado temporalmente del azote del medio visitado, al que mi cuerpo debería soportar las próximas tres semanas, hice mi reingreso en la zona de ventas de la nombrada tienda. Agradeciendo el suministro de impecables servicios higiénicos requeridos para esa tan especifica emergencia. Mis familiares, sin todavía conocer mi suerte, estuvieron agradados de verme, después de mi inesperada y larga ausencia.<br />
Los siguientes días pasaron entre visitas a parientes y restaurantes, nada sorprendente. Algunos requieren mención, no los parientes sino los restaurantes, y otros que quisiera olvidar. En orden decreciente de importancia, Rodrigo, la Trattoria, José Antonio, da Luciana, Titi, Costa Sur, Sonia, Huo Wha, e incontables otros.</p>
<blockquote>
<h4>Aparte.</h4>
<p><em>Es mi humilde opinión, esto de la globalización, parece ser un fenómeno universal. No solo afecta la moda, el consumerismo, etc. sino también a aquellos individuos, que por razón de puro lucro, homogenizan el producto, y por consiguiente proveen una adulterada y desabrida muestra de lo que era algo especial y autentico. El ejemplo mas patético de este cambio lo veo en la cerveza. Producto hecho con orgullo regional, sino nacional, y exportado como una muestra de riqueza manufacturada. Pues, ahora todas las cervezas, con pocas excepciones, saben a eso que los grandes hermanos del norte llaman Light. Creo que el que me entiende no necesita más explicaciones, y el que no, tampoco.</em><br />
<em> También mi paladar me hizo notar este fenómeno en la comida. En el esfuerzo fútil de las masas a seguir, ser, oler, caminar, hablar, etc. como los del norte, la comida sabrosa peruana a sufrido lo de la cerveza. Quedan todavía a Dios gracias unas gratas excepciones.</em></p></blockquote>
<h3>Sabado 25, 7:08 p.m.</h3>
<div id="attachment_129" class="wp-caption aligncenter" style="width: 650px"><a href="http://mvdesign.worlddata.com/blog/wp-content/uploads/2011/12/AQP-pano.jpg"><img class="size-large wp-image-129    " title="AQP pano" src="http://mvdesign.worlddata.com/blog/wp-content/uploads/2011/12/AQP-pano-1024x210.jpg" alt="Arequipa" width="640" /></a><p class="wp-caption-text">Arequipa, la ciudad blanca</p></div>
<p>Salimos rumbo a Arequipa, cuidad natal de mi padre. Volamos en Lan Peru o Chile, quien sabe. El vuelo a tiempo, el avión nuevo y limpio, que buena sorpresa. A recibirnos, estuvieron mis primas Ursula y Patricia con esposos e hijos.<br />
Nos alojamos en la vieja casona que mi abuelo construyó en el 1931, y que ahora es el Hostal las Mercedes. Ultimo rezago de mi herencia paternal. El dormitorio amplio, cómodo y limpio, con tres camas, yo en una mi esposa e hija en otra.</p>
<div id="attachment_145" class="wp-caption aligncenter" style="width: 650px"><a href="http://mvdesign.worlddata.com/blog/wp-content/uploads/2011/12/P6270004.jpg"><img class="size-large wp-image-145  " title="Jorge" src="http://mvdesign.worlddata.com/blog/wp-content/uploads/2011/12/P6270004-1024x750.jpg" alt="" width="640" /></a><p class="wp-caption-text">Cecilia, Blanquita y Jorge</p></div>
<h3>Domingo 26 de Junio, 10:21 a.m.</h3>
<p style="text-align: left;"><a href="http://mvdesign.worlddata.com/blog/wp-content/uploads/2011/12/AQP-pano.jpg"></a></p>
<p><a href="http://mvdesign.worlddata.com/blog/wp-content/uploads/2011/12/AQP-pano.jpg" width="640"> </a></p>
<p>Al abrir las cortinas y puertas encontramos una mañana luminosa, saliendo notamos que los nativos nos habían engañado. Nos habían dicho que hacia bastante frío, ÁJA! Hacia como 20 grados con un día glorioso, descubrimos que estábamos muy mal equipados por haber traído ropa gruesa. Use la misma camiseta una semana entera.</p>
<h3>11:17 a.m.</h3>
<div id="attachment_139" class="wp-caption alignright" style="width: 189px"><a href="http://mvdesign.worlddata.com/blog/wp-content/uploads/2011/12/P6260007.jpg"><img class="size-medium wp-image-139 " title="Plaza de Armas" src="http://mvdesign.worlddata.com/blog/wp-content/uploads/2011/12/P6260007-224x300.jpg" alt="" width="179" height="240" /></a><p class="wp-caption-text">Plaza de Armas</p></div>
<p>Caminamos hacia la Plaza de Armas, sentimos la altura un poco, al llegar escuchamos música marcial, y vimos un desfile militar. También vimos unos grupos danzantes autóctonos, se podría decir, recién bajados. Estuvo muy festiva la mañana, le dije a Andrea que este era mi recibimiento oficial por ser hijo de esta la República Independiente de Arequipa, por favor no me vayan a desmentir.</p>
<h3>2:07 p.m.</h3>
<p>Llegamos invitados a la casa de Adriana y Paulo Hernán, donde los characatos se habían juntado para presentar un frente unido a estos parientes no solo residentes extranjeros, sino tambien aquellos limeñitos mazamorreros.<br />
Pasamos al comedor para saborear uno de los platos mas típicos de la zona, el muy apreciado Adobo, plato el cual ha sido usado por todos los sectores de la extensa clase arequipeña para recobrar el sentido y poder regresar a casa después de una noche larga en sin numero de actividades. Exquisito asopado de guiso de chancho, que debe ser culminado con el licor regional de anís conocido como Nájar. No intentaré describirlo por aquello de evitar cometer error, y ser recipiente de malos deseos, y posible revocación de mis privilegios como characato a prueba, y la posible expropiación de mi tan querido pasaporte arequipeño.<br />
A seguir, algunas caras presentes:</p>
<div id="attachment_131" class="wp-caption aligncenter" style="width: 540px"><a href="http://mvdesign.worlddata.com/blog/wp-content/uploads/2011/12/P6260035334_Copy83.jpg"><img class="size-full wp-image-131" title="P6260035334_Copy83" src="http://mvdesign.worlddata.com/blog/wp-content/uploads/2011/12/P6260035334_Copy83.jpg" alt="Las Chicas" width="530" height="217" /></a><p class="wp-caption-text">Las chicas: Dina, Ursula, Juliana, Patricia, la tía Portugal, Lucia y Cecilia</p></div>
<div id="attachment_140" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a href="http://mvdesign.worlddata.com/blog/wp-content/uploads/2011/12/P6260037.jpg"><img class="size-medium wp-image-140" title="Los Lucioni" src="http://mvdesign.worlddata.com/blog/wp-content/uploads/2011/12/P6260037-300x259.jpg" alt="" width="300" height="259" /></a><p class="wp-caption-text">Ricardo y Alfredo Lucioni</p></div>
<p>Paulo me informa que mis otros primos Alfredo y Ricardo, se habían enterado de nuestra llegada, y que estaban en camino para saludarnos. Donde yo resido, esa movida podría costar la amistad.<br />
Llegaron, Ricardo con dos botellas de pisco hecho por el. Uno ya lo había probado, el otro era Mosto Verde no un nombre muy apetitoso, pero dentro de los presentes conocedores, algo que pudiera ser exquisito. Nota, las botellas estaban destinadas para el transporte al extranjero. No se como ni quien abrió mis botellas, para siempre frustrando su transporte, entonces, pensé si no me las llevo en la maleta, me las llevare puestas.</p>
<h3>Lunes 27, 10:13 a.m.</h3>
<p>Que dolor de cabeza. Uno de los restantes pilares de los Valencia, conocido en algunos lares como el señor de Sipan, en otros como el churrasco (se cree un churro y es un asco), mi primo Jorge nos recogió con su hijo Daniel para visitar su casa, y su estudio donde trabaja en la producción de la película de la historia familiar.</p>
<h3>2: 34 p.m.</h3>
<div id="attachment_141" class="wp-caption aligncenter" style="width: 608px"><a href="http://mvdesign.worlddata.com/blog/wp-content/uploads/2011/12/P6270021.jpg"><img class="size-large wp-image-141    " title="Los Lucioni" src="http://mvdesign.worlddata.com/blog/wp-content/uploads/2011/12/P6270021-1024x702.jpg" alt="" width="598" height="410" /></a><p class="wp-caption-text">Andres, Andrea, Mari, Lucho, Cecilia y Javico</p></div>
<p>Como acordado este día consumiremos grandes cantidades de nutrientes con mi tío Lucho, mi prima Maria Elena, Javico, y Andrés, nos llevaron a un restaurante típico donde comí chicharrón por tercera vez en el viaje, notaran que me gusta el cerdo, pues es muy sabroso. La comida estuvo buena, la compañía mejor.</p>
<h3>6:54 p.m.</h3>
<div id="attachment_194" class="wp-caption aligncenter" style="width: 650px"><a href="http://mvdesign.worlddata.com/blog/wp-content/uploads/2011/12/P6260032.jpg"><img class="size-large wp-image-194  " title="viaje" src="http://mvdesign.worlddata.com/blog/wp-content/uploads/2011/12/P6260032-1024x768.jpg" alt="" width="640" /></a><p class="wp-caption-text">Los cjoros.</p></div>
<p>Día largo, ahora solo un tecito donde Patricia y Jon. Los locales nos cuentan que un paro de transportistas estaba en planes para el día siguiente. Gringo que soy, ya me veía atrapado en la cuidad blanca, sin posibilidad de regresar a mi hogar. Paulo se ofreció llevarnos al aeropuerto, siendo uno de los mas conocedores de rutas y recovecos.</p>
<h3>Martes 28, 8:17 a.m.</h3>
<p>Después el desayuno, hablando con Ursula, me confirma mis peores temores, el paro era una realidad, las vías importantes estaban bloqueadas con piedras, matones rondaban las calles de la cuidad con palos y todo tipo de instrumento para causar el mas grande dolor corporal. Quizás exagero, le pedí que llame a Paulo para intentar la huida lo antes posible, siempre pensando tener suficiente tiempo para poder corregir, negociar, suplicar, sobornar, etc. y llegar al aeropuerto.<br />
Mi mayor preocupación era que Andrea teniendo solo 9 años y no habiendo estado expuesta a esto impases, desarrollé un malsano pavor a la ciudad blanca por razones circunstanciales. Me imagino que los characatos se habrán matado de risa, y ya nos tienen un cuento hasta con apodos.<br />
Paulo aparece con un Volkswagen de los cincuenta, teníamos una maleta que no entraba en la maletera, la carcocha tenia una parilla sobre la tapa del motor trasero, Paulo saco una soguilla y amarro la maleta, la cara de Cecilia fue inolvidable. Salimos camino al aeropuerto, no dos minutos pasan, y noto que se apaga el motor, Paulo se agacha hacia los pedales, y hace algo, se reincorpora, y con la naturalidad que lo caracteriza me dice, este carro no tiene marcador de gasolina, tiene un tanque de reserva que me dura una semana.</p>
<div id="attachment_142" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a href="http://mvdesign.worlddata.com/blog/wp-content/uploads/2011/12/WWPerfRevform0408_Consolidated_MValencia_20081013.jpg"><img class="size-medium wp-image-142" title="VW" src="http://mvdesign.worlddata.com/blog/wp-content/uploads/2011/12/WWPerfRevform0408_Consolidated_MValencia_20081013-300x129.jpg" alt="" width="300" height="129" /></a><p class="wp-caption-text">Uno como este</p></div>
<p>Créanme, yo no necesitaba esta información que en el estado anímico en el que me encontraba, era como agregar la gasolina que no teníamos al fuego. No voltié por no ver la cara de Cecilia. Esto se estaba convirtiendo en misión imposible. Con intención de no mostrar mi terror, y para demostrar mi conocimiento automotriz, le pregunté si era un 1300, no me dijo, era un 1200, el motor que nos impulsaba era mas pequeño que el de mi máquina de afeitar. Paulo dijo que conocía varias vías alternativas en caso de necesidad para llegar a la meta deseada. Hicimos turismo de pueblos jóvenes, no encontramos sino mínima resistencia, algunas rocas en el camino, nada mas.<br />
Finalmente después de momentos muy tensos, los cuales parecieron durar horas, llegamos a nuestra meta. Misión cumplida. Cecilia me dijo que ella mantenía un ojo puesto en la maleta que se samaqueaba cada ver que se hacia una brusca maniobra, mi preocupación era que el vehículo se desarmara en transito, y que tuviéramos que hacer el resto de la huida a campo traviesa.</p>
<p>Que imaginación, no?<br />
El novato autor agradece la paciencia o como lo quieran llamar para soportar este escrito.<br />
Déjenme saber si les gustaría recibir mas de estos, quizás me gano el Nóbel.</p>
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